Roles en el Matrimonio, Mario Fagundes.

MarioNotas de su mensaje dado el 5 de Mayo de 2011, en el retiro de pastores y obreros de Salvador. Mario nos presenta de manera sencilla 3 aspectos fundamentales para el hombre y la mujer que desean cumplir con el papel asignado por Dios en el matrimonio. 

Roles en el Matrimonio

Mario Fagundes, Mayo 2011

Nuestra sociedad actual ha perdido el rumbo. Está confundida, trabada. Todos los principios que vamos a tratar están mudados. La familia sustenta toda la sociedad. Dios no hizo un montón de individuos para que vivan aisladamente. Hizo la familia como la base de la sociedad. Hoy vemos gran confusión respecto a los roles del hombre, la mujer, los hijos. Inclusive hay hoy diferentes tipos de matrimonio, hasta el punto que muchos ni siquiera saben lo que son.

Lo que trataremos es fundamental para la estabilidad de la Iglesia y la sociedad. En la palabra vemos la importancia que Dios les da a las genealogías. Esto es porque Dios le da mucha importancia a la familia. Hasta el punto de decir que Elías volvería el corazón de los hijos a los padres. Queremos ver los fundamentos que ayudan a formar familias sólidas y estables.

Lo primero será hablar sobre los roles de el esposo y esposa. La trinidad está compuesta de tres, los cuales son uno en unidad, pero cada uno de los tres tiene funciones diferentes. Así es con el matrimonio. Cuando no hay comprensión del papel que cada uno debe cumplir, perdemos el rumbo, la solidez, la estabilidad y la armonía. Más que eso, tenemos hogares que no traen gloria al Señor.

 

EL PAPEL DE LA ESPOSA

Gen 2.18 “no es bueno que el hombre esté solo…. Le haré una ayuda idónea…”

Este es un principio permanente, universal, creacional. Algunas mujeres leen mal: “ayuda y dueña…” El Señor estableció además mandamientos por medio de los cuales la mujer se vuelve efectivamente “ayuda idónea” de manera que si ella no vive debajo de estos mandamientos no será ayuda idónea.

Primer Mandamiento: Sumisión

Efe 5.22 “Las mujeres estén sujetas a su propio marido como al Señor” (Col 3.18, 1 ped 3.1)

 Gen 3.16 “…tu deseo será para tu marido y el te gobernará”

 Para que la mujer sea ayuda idónea debe seguir este mandamiento: debe ser sujeta a su marido. Hoy, en cambio,  el hombre va hacia la sumisión y la mujer hacia el gobierno, y ninguno de los dos fue creado con ese propósito.

¿Qué es sumisión?

-Es obedecer inteligentemente y humildemente a una autoridad delegada por Dios. Es aceptar de corazón las decisiones tomadas, no simplemente aceptarlas, sino hacerlo de corazón. Es cooperar con el marido, aunque sin dejar de opinar. Es ir junto con él sin ser omisa, sino participando junto con el esposo en toda decisión. Es unirse a él en toda decisión para que sea cumplida. Una mujer sumisa no se pone en contra, no dificulta las cosas, no pone caras largas sino que tiene una misma carga, un mismo deseo, un mismo sentir, un mismo pensamiento. Sabe decir: “Si eso es lo que él quiere, lo acompañaré y ayudaré”.

La sumisión es también el medio por el cual Dios da poder para que la mujer pueda dar testimonio al marido que aún no se convirtió (1 Ped 3.1). La sumisión hace que la mujer reciba una serie de beneficios, siendo el mayor, el hecho de que cuando una madre es sujeta, sus hijos son obedientes a ella. Si quieres saber si una mujer es sumisa, fíjate en la obediencia que sus hijos presentan a ella. Si los hijos le obedecen, podemos saber que ella es una esposa sujeta.

La mujer sujeta recibe de Dios y del marido:

Protección

  1. Realización
  2. Seguridad
  3. Armonía en el hogar
  4. Ejemplo a los hijos
  5. La palabra de Dios no es blasfemada (Tito 2.5)

Dos ejemplos de mujeres sumisas en la escritura.

La esposa de Manoa. Jueces 13. Ni su nombre es mencionado sino solo el del marido: Manoa. Era estéril. Un ángel se le aparece a ella (no a él), y le trae instrucciones. Inmediatamente ella viene y le cuenta todo a su marido. Podríamos pensar que ella era más espiritual, que buscaba más al Señor, pero ella no toma el hecho de que el ángel le habló a ella con un aire de superioridad, sino que se coloca enseguida en la posición correcta: conduce todo ello hacia su marido, quien le dice: “si el ángel vuelve a aparecer llámame”. Y el ángel vuelve a aparecer, pero ella corre cerca de su marido sin oírle, y trae al ángel hacia él.

Luego tenemos a María, a quien se le aparece el ángel para anunciarle que engendraría el hijo de Dios. Inmediatamente va a su desposado sin sentirse la “escogida” del Señor. A partir del momento en que ella habla con él, él toma una postura de liderazgo y todos los sueños e instrucciones  son para José. María permanece quieta en sujeción hacia su marido siempre.

Esta es la actitud correcta, coloca a su marido al frente, sin tomar su lugar. Permanece a su lado como ayuda idónea. La mujer no va a realizarse si no es sumisa. Muchas luchan en contra de esto y cuanto más lo hacen, más frustradas están, porque están renunciando a su propia creación.

Segundo Mandamiento: Respeto

 Efe 5.33 “la esposa respete a su marido”. ¿En qué debe respetar?

En su forma de hablar

  • En su forma de tratarlo
  • En su forma de conducirse.

Cómo habla con él, cómo lo trata y cómo lo acompaña. Quiero dar algunos ejemplos de falta de respeto.

Hablar de los errores y debilidades del marido a otras personas y a los hijos. Exponer al marido gratuitamente ante personas que no pueden ayudarlo, debilitando su autoridad.

 

  • Desobedecer una orden clara del marido. El marido da una dirección clara pero ella dice “así, así, así es mejor”, trayendo su “toque”, su “creatividad” cambiando la esencia de la orden.

 

  • Esconder hechos para que él no sepa lo que acontece en casa.

 

  • Contradecir una orden clara del marido haciendo prevalecer lo que ella piensa. No necesariamente desobedeciendo, pero forzando al marido a hacer lo que ella quiere, con posturas, con una forma de moverse, reaccionando. Esto es falta de respeto.

 

  • Sentimiento de deprecio a las cosas que el marido habla.

 

La palabra del Señor dice que la mujer debe aprender de su marido, preguntar a su marido, oír a su marido, sujetarse a su marido, respetar a su marido antes de cualquier otro. Y nosotros que tenemos autoridad en la casa de Dios debemos tener mucho cuidado para no dislocar las autoridades delegadas de Dios, sino al contrario, fortalecerlas.

Una vez una mujer me dijo que su marido le permitió venir a hablar conmigo diciendo que en su hogar estaban viviendo un impase. Ella dijo “el piensa así, yo pienso asá”.  Yo le dije “no veo dónde está el problema”. Y volvió a explicarme lo mismo. Y le dije “si tu marido dice “a” se hace “a”. Aunque yo pensaba que la mujer tenía más razón, mi consejo fue que se sujetara a su marido ya que él estaba definido en su postura.

La bendición de Dios no viene por tomar la posición más correcta sino por el principio de la sumisión a la autoridad delegada por él.  

Y yo nunca voy a intervenir en contra del marido. Y le dije aún más: que ella hubiese convencido al marido de que le permitiera hablar conmigo era un problema también. Porque yo no tengo más de una esposa, solo tengo una. Yo no puedo gobernar sobre la esposa de otro. Le dije: “es a tu esposo a quien debes sujetarte”. Muchas veces, nosotros líderes y pastores, estamos en la condición de dar un consejo matrimonial y debemos estar atentos a no tomar una posición de gobierno sobre las mujeres de otros. Claro que tengo la posibilidad luego de llamar al marido más tarde si veo que hay alguna necesidad mayor de aclaración para ayudarlo a gobernar mejor su casa.

Cómo mostrar respeto:

 

  • Apoyando las decisiones e iniciativas del marido siempre. Acompañándolo siempre.

 

  • Animándolo contra los ataques de Satanás, contra las presiones externas del trabajo, las finanzas etc. Que se sienta animado siempre. ¡Él es tu marido, tu amado, tu querido, tu todo! Cuando un hombre encuentra una mujer así, no hay forma que no quiera estar al lado de ella. Muchos hombres buscan cualquier excusa para tardar en volver a casa, porque en ella no hay alegría, apoyo, ánimo, respeto, sujeción. Pero si en casa hay respeto, no hay nada más atractivo para ellos que estar en casa. El afecto, cariño, comprensión, cautivará a su marido.

Tercer Mandamiento: Espíritu Manso y Tranquilo

1 Pedro 3:4  sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.

 

¿Por qué Dios pide esto? -Porque la mujer es inmediatista. Quiere que todo se resuelva “ya”. Ella junta todo y lo quiere resolver al mismo tiempo. El hombre, al contrario, precisa un tiempo para cada cosa. La mujer, que no entiende este ritmo del varón, precisa tener un espíritu manso y tranquilo. Esto implica cuidarse del inmediatismo, del detallismo. Precisa saber esperar sin dislocar al marido, sin tomar la iniciativa con su habilidad y capacidad, haciendo que él se sienta sobrepasado.

 

  • Cuidar el inmediatismo
  • Saber esperar, descansar en las decisiones del marido
  • Entender que la bendición de de Dios viene a través de la autoridad delegada

 

Aprender esto es difícil, principalmente cuando no estoy de acuerdo en la decisión y es allí que el Señor quiere que la mujer tenga un espíritu manso y tranquilo.

La esposa puede ser tres cosas:

 

  • Omisa (cuando no tiene revelación de su papel)
  • Sargentona (cuando no tiene revelación del papel de su marido)
  • Ayudadora idónea (cuando se ubica en el papel que Dios determinó para ella)

“Ayúdanos, Señor,  a parecernos a Jesús. Que todas nuestras hermanas casadas puedan ser confrontadas con esta palabra y puedan examinar sus años de casamiento y ver si esta enseñanza es ya una realidad en sus vidas. Ayúdanos, Señor, en el nombre de Jesús”.

 

EL PAPEL DEL MARIDO

 

1 Cor 11.3 “Cristo cabeza de todo hombre, el hombre cabeza de la mujer, y Dios cabeza de Cristo”

 

Ser cabeza significa ser rey, sacerdote, y profeta de su casa. Dios pone al hombre como cabeza de su casa para establecer su voluntad en ella. La voluntad de Dios, no la del hombre. Es con el hombre que Dios habla para marcar su deseo. Tenemos varios ejemplos en la Escritura

 

Gen 3.9 Cuando el hombre y la mujer pecaron: “Adán, ¿dónde estás?”

Gen 6.13 “Dijo Dios a Noé…”

Gen 12.1 “Dijo el Señor a Abraham…”

Gen 26.2 “Abraham… No desciendas a Egipto…”

Gen 28.13 “Jacob…. Te daré la tierra a ti y tu descendencia”

Exodo 3.4 “Moisés, Moisés… heme aquí…”

Lucas 1.12-13 “Zacarías… tu mujer dará a luz un hijo…”

Mateo 1.20 “José…. Lo que en ella fue generado es del ES”

Mateo 2.13 “José… huye a Egipto”

Mateo 2.19 “José… vuelve…”

 

Dios establece al hombre como cabeza de la mujer, de la casa, rey sobre su casa para traer la voluntad del Señor. No para traer su voluntad propia, no para gobernar según lo que le parece. Es para ser sacerdote, es decir interceder delante del Señor por su casa. Hay muchos libros en los que la mujer ayuna y yo digo, “¡pero el sacerdote de la casa es el hombre. Es él que debe ayunar, es él quien debe orar. Él es la cabeza, quien debe gobernar, establecer la voluntad de Dios, para traer su palabra, para profetizar!”.

 

El hombre está puesto por Dios para:

 

  • Traer la voluntad de Dios a su casa
  • Interceder por su casa
  • Para profetizar sobre su casa, enseñar la palabra de Dios en su casa

 

Dios dio tres mandamientos al hombre para cumplir con su papel:

 

 

Primer Mandamiento: Amar como Cristo

 

Efe 5.25 “Maridos amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia”

 

Este es el nivel de amor que Dios quiere que el marido tenga por su mujer: que se entregue por ella. En este amor vemos dos características:

 

  • Firmeza en las decisiones
  • Ternura en el trato

 

Firmeza no significa ser grosero, ser crudo, hablar más alto, demostrar fuerza. Es simplemente no vacilar, no titubear, mantenerse firme en la decisiones tomadas. Ahora, las decisiones deben ser tomadas bajo la oración y dependencia del Padre. Por eso el varón debe mantenerse firme, porque solo podemos estar firmes en las decisiones que son tomadas bajo la autoridad y consejo de Dios. Es ahí donde no retrocedemos. La firmeza se basa en la seguridad de que estamos estableciendo aquello que el Señor desea.

 

Ser tierno tiene que ver con nuestra afectuosidad. Afectuosidad que se mantiene independientemente de lo que ella haga, entregándose por ella. Ser tierno es sacrificarse por ella. Hay muchas cosas que son totalmente relativas y es en ellas que quiero confesarles que yo he intentado, me he esforzado, para agradar a mi esposa. En aquello que es absoluto, no hace falta acuerdo. Pero ternura en el tratamiento es agradar a nuestra esposa en aquellas cosas que son totalmente relativas.

 

En el amor y la ternura incluimos amarla con palabras de afirmación, elogios, haciéndola sentirse atractiva, mostrándole que es nuestro encanto. No importa cuántos años de casados tenemos. No podemos perder la frescura de ese amor, la alegría de estar juntos. En realidad con el paso de los años deberíamos hacer crecer nuestro amor y atracción ya que cada vez es mayor su mérito al soportarnos más y más tiempo.

 

 

Segundo Mandamiento: No ser ásperos

 

Col 3.19 “No la tratéis con amargura”

 

La aspereza puede darse en tres aspectos:

 

  • En nuestra forma de hablarle
  • En nuestra forma de tratarla
  • En nuestra forma de conducirnos

 

No seas áspero, cortante, duro, amargo. ¿Por qué el Señor quiere esto del varón? Porque al hombre le gusta acumular cosas sin resolverlas. La mujer es inmediatista y quiere resolver todo rápido. Pero nosotros guardamos, acumulamos hasta el punto de atorarnos. Y al atorarnos nos volvemos ásperos, descorteses. No ser amargos, es no ser descorteses, indiferentes. Es hablarles con dulzura y tranquilidad. Es cuidar también nuestro aspecto. A veces nos hemos vuelto un poco gorditos pero,  ¡Podemos ser gorditos amorosos! Podemos afeitarnos, perfumarnos, arreglarnos.

 

 

Tercer Mandamiento: Tratarlas con Dignidad

 

1 Ped 3.7 “tratándola con dignidad, como un vaso más frágil”

 

¿Qué es dignidad?

  • Respeto
  • Nobleza
  • Sentimientos
  • Honra

 

Algo frágil no lo tratamos sin cuidado, de cualquier manera, sino con mucha prudencia para que no se quiebre. Algo que es frágil, cuidamos de no cargarle mucho peso porque puede quebrarse. Tratar a la mujer como vaso más frágil es saber aproximarse a ella y tratarla con mucho cuidado, ternura, cariño, con palabras dulces, agradables, agregando a nuestro trato un perfume, un aroma agradable. No debemos sobrecargar a nuestras esposas con decisiones y cargas que no puede llevar. Debemos cuidar que no se acumulen muchas cosas sobre ella, porque es nuestra parte frágil que puede quebrarse.

 

Dignidad es darle máxima consideración, admiración. Tratarla como un tesoro. Orar por ella y apreciarla por lo que ella hace y representa. Con profundo agradecimiento por ella. Cuando mi esposa duerme, yo me quedo a su lado solo mirándola, agradeciendo a Dios que me escogió a mí para ser su esposo.

 

Y cuando envejecemos juntos, mantenemos el mismo afecto, las mismas caricias, sin pensar más que en nuestro cariño por ellas, sin volvernos “dulces” interesadamente. Tratarlas dignamente en todo tiempo es mostrar el valor que le damos como compañera, por todo lo que hace junto a nosotros.

 

El hombre puede ser:

 

  • Omiso cuando no tiene revelación de su rol
  • Cabezón, cuando no tiene revelación del papel de su mujer
  • Cabeza, cuando ama a su mujer como vaso más frágil

 

Hombres, somos responsables del fluir de la comunicación en nuestras casas. Esto es fundamental. No debemos permitir que la comunicación sea interrumpida. Nuestra capacidad para oír determina la libertad o interrupción de la comunicación.

 

“Señor, no queremos solamente quedarnos con esto como una palabra más, sino que queremos profundizar mucho esta verdad en nosotros, a través de la manifestación de la vida de tu hijo. Mirándolo a Él, viendo como se entregó por su amada Iglesia; cómo se dio a sí mismo, como se interesó por ella, cómo se dejó gastar por ella y cómo fue hasta la muerte por ella. Señor, que nosotros maridos podamos amar a nuestras esposas en esta dirección sin mancha, instruyéndolas, siendo tiernos con ellas, protegiéndolas, alimentándolas en la palabra, conduciéndolas a ti. Amén.”