“¿Qué Hemos Hecho?”, Introducción a la Serie, Marcos Moraes.

Marcos Moraes 2“La pregunta que me viene al corazón, y que traigo a los hermanos es: ¿Qué hemos hecho, qué hicimos en estos últimos treinta años, con aquello que Dios nos legó?” -Marcos comienza la serie con estas preguntas, he aquí la introducción a la serie.

“Qué Hemos Hecho”- Introducción

 Marcos Moraes – junio 2010. Retiro de Pastores Porto Alegre

 

 

Palabras iniciales

Para los que aún no pude abrazar… ¡un abrazo generalizado! Estamos realmente felices en Salvador por cómo esta comunión con los hermanos aquí en Porto Alegre se ha ido estrechando tan rápido. Hace ya un tiempo que un año ustedes van para allá, el otro año venimos nosotros aquí. Un año ustedes pueden ir para la playa, el otro venimos a tener un poco de frío.

 

Quiero leer un texto que me venía durante la reunión: Hebreos 4:12-13.

 

  “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.”

 

Este texto no estaba en ninguna de mis anotaciones, lo estoy leyendo porque el Señor me lo puso en el corazón. No tengo comentario para hacer.

 

El otro texto que tengo en el corazón es Santiago 1:22-25.

 

  “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.  Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”

 

Este texto también me vino esta noche, y entiendo que encaja con lo que había en mi corazón desde que recibí la invitación de los amados para estar con ustedes en este retiro.

 

 

Una evaluación

Me puse delante del Señor, me dispuse para lo que el Señor quisiera para nosotros en estos días. Lo que el Señor me dio fue un poco diferente de lo que yo pensaba al principio. Recién hablando con Ismael, me contó que el año pasado estuvieron ministrando aquí mi papá, Moisés, y Erasmo; compartiendo sobre los inicios, las experiencias, las cosas que el Señor nos fue hablando. Me resultó muy interesante porque encaja con la carga que hoy tengo.

 

El Señor puso en mi corazón el sentir de hacer una evaluación de estos treinta años. Algunos están aquí desde el principio (sobre todo los de aquí de Porto Alegre). Yo entré en esa caravana en 1976. Di tanto trabajo en el ’76, en el ’77 y en el ’78, ¡que en el ’79 me mandaron para Bahía! Pero desde entonces, estamos siempre juntos.

 

¿Qué hemos hecho con la revelación recibida?

Y la pregunta que me viene al corazón, y que traigo a los hermanos es:¿Qué hemos hecho, qué hicimos en estos últimos treinta años, con aquello que Dios nos legó?¿Qué hemos hecho con lo que el Señor nos ha dado? Algunos, como mi papá, Erasmo y muchos de ustedes, tuvieron que salir de un contexto para poder andar de la forma en que están andando hoy. No sé cuántos de ustedes estaban en otro contexto eclesiástico antes de estar caminando con los hermanos aquí. Me acuerdo de los primeros que salieron, me acuerdo de mi papá. Yo no estaba convertido aún. Cuando mi padre oyó la voz del Señor y le siguió, yo pude ser testigo del precio que tuvieron que pagar, pude ser testigo de algunas cosas impactantes que sucedieron.

 

Y no sólo aquí en Porto Alegre, sino que después también conocimos a otros, en otros lugares. Todos ustedes saben que los amados de Argentina tuvieron desde el principio una participación grandísima, trayéndonos lo que Dios nos ha dado. También conozco la historia de algunos de ellos, que pagaron un precio alto en sus vidas. Algunos tenían una carrera eclesiástica y perdieron todo; perdieron amigos, perdieron la buena fama, se volvieron de mala fama en el lugar de donde salieron.

 

 

¿Qué hemos hecho?¿Qué hemos entendido?¿Estamos entendiendo las cosas que el Señor nos trajo desde el principio? Estoy pensando también en los muchos errores que cometemos (puedo hablar por Salvador), debido a la procrastinación[1]. ¿Saben qué es la procrastinación? Dejar y dejar y dejar, y Dios hablando, y vos dejando… Lo contrario es la impulsividad: Dios ni habló, y ya estás haciendo. Sin oración, andando y pegando machetazos, sin hablar con el Señor.

 

Hubo mucha bendición de parte del Señor en esos años. Si nos detuviéramos a contar, tendríamos que hacer un retiro de un mes entero, solamente para que todos puedan contar. Yo no quiero ser negativo, ni por lejos quiero decir que las bendiciones no son mayores. Es que Dios me hizo así, y pienso que es parte de mi constitución ministerial: buscar lo que está faltando para llenar lagunas. No soy muy edificado mirando lo que está correcto para sentarme y deleitarme (creo que allá en el cielo voy a tener bastante tiempo para eso). Creo que nos cabe hoy buscar nuestras lagunas y ver cómo podemos llenarlas.

 

Pienso que hemos sufrido en estos años con algunas cosas referentes a las Escrituras, algunas formas equivocadas de leer las Escrituras. Algunos que salieron de otro contexto, salieron de una teología con fuertes trazos humanistas, y en algunos casos, completamente humanista. Pero muy fácilmente podemos, a través de libros y tantas cosas que la Iglesia hace hoy, terminar otra vez, y sin percibirlo, bajo la influencia del humanismo que existe en la teología de la Iglesia desde mitad del siglo XX, que sigue hasta hoy, y que francamente no sé a dónde irá a parar.

 

Un evangelio deteriorado

Cuando yo me convertí al Señor, el primer libro que cayó en mis manos (además de la Biblia), fue el de Juan Carlos Ortiz, “Discípulo”, que habla del contraste entre el Evangelio del Reino y el evangelio de las ofertas. Yo hoy extraño el evangelio de las ofertas, porque es el Cielo comparado con el evangelio que anda por ahí hoy. Por lo menos, ese evangelio de las ofertas (aunque centralizado en el hombre), estaba enfocado en bendiciones espirituales: Vida eterna, paz con Cristo, gozo… Estaba enfocado hacia el hombre, pero las bendiciones prometidas eran espirituales.

 

Pero hoy la cosa está muchísimo peor que en aquella época. Las bendiciones ni siquiera son espirituales, es todo para esta Tierra. Un evangelio centralizado en tener una buena vida aquí. Como si no hubiésemos sido llamados para ser peregrinos. Y una de las cosas que creo que debemos evaluar es hasta qué punto quedamos atrapados en tradiciones, antiguas o creadas por nosotros mismos, durante todos estos años.

 

Paradigmas equivocados

Sólo hay una forma de ser libres: necesitamos ser libres de todo paradigma. Oí una historia recientemente, no sé nombres ni datos, pero ustedes saben que entre la década del ´40 y ’60, los mejores relojes del mundo eran los suizos. Me contaron que en uno de los encuentros anuales que hacían los relojeros suizos, apareció uno hablando de un reloj que funcionaba a cuarzo. Aquellos relojeros lo tomaron por loco. Porque ellos hacía años que venían desarrollando todos esos mecanismos, y viene éste a hablar de algo electrónico. Eso es un paradigma: cuando estás en una carrera y no tenés la capacidad de levantar la cabeza, mirar para los costados; principalmente releer las Escrituras, evaluando cada día lo que creés y lo que hacés a la luz de las Escrituras.

 

En el encuentro había un japonés. Llamó a este hombre, y lo contrató. Este japonés trabajaba para Seiko. En aquella época los relojes suizos eran dueños del 98% del mercado en Europa. Hoy no tienen casi nada. Un japonés, con la mente abierta, libre de paradigmas; llevó a este hombre a Japón… y ustedes saben lo que hace Seiko hoy: relojes suizos. Los suizos tienen poco que ver con los relojes hoy día. Esto es una ilustración natural de aquello que puede suceder, y sucede, en las cosas espirituales. Tenemos ejemplos bíblicos increíbles.

 

Un ejemplo: Pablo y Pedro

Todos creemos que la mejor estrategia que Jesús nos dio fue hacer discípulos, porque Jesús hizo discípulos: doce. Y después tuvo que llamar a uno que no anduvo con él, ¿se detuvieron a pensar en eso? Porque a aquellos doce, Él les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda  criatura.” Pero con el primer gentil que apareció, se armó un revuelo.

 

Para que Pedro entrara  a predicar el evangelio en la casa de un gentil, tuvo que ver una visión: baja el lienzo, sube el lienzo, vuelve a bajar, sube otra vez. “Come, Pedro”. “¡No, Señor!” Como dice mi papá: “O es No, o es Señor; si es Señor no podés decir que no; si decís que no, no es tu Señor”.

“¡No, Señor!”, decía Pedro, y el Señor repetía: “Levántate y come”.

 

¿Ustedes se detuvieron a pensar en el espectáculo que tuvo que hacer Pedro para explicarse cuando regresó? “¿¡Cómo puede ser que hayas entrado en la casa de un gentil!?”  “¡Esperen hermanos, déjenme explicar…!”

 

Voy a contar un episodio más serio. Pedro se comportó muy mal entre los gentiles. Tan mal, que Pablo tuvo que reprenderlo en presencia de todos. ¿Por qué? Paradigmas. A veces un paradigma viene de los que están alrededor de uno, y no queda otra que andar en ellos. ¿Ustedes se dieron cuenta quién llevó a Pedro a esa situación? ¿Fueron los discípulos de Gamaliel? No, dice Pablo que fue cuando llegaron “unos de parte de Santiago”. Los íntimos de Santiago, sus discípulos, llevaron a Pedro a hacer lo que hizo; y después tuvo que ser reprendido públicamente por el disparate que había hecho, porque los paradigmas judaicos no habían salido todavía de la cabeza de aquella gente. Y Jesús tuvo que llamar a Pablo después del tiempo en que estuvo en la Tierra. Pero ya no tenía ya tres años para discipularlo; lo tuvo que llevar al tercer cielo para enseñarle: “Mira todo desde aquí”.

 

Temas prácticos a evaluar

No pienso en abordar una vez más la teoría. Siempre tenemos que ir un poco a las Escrituras, y dar un poco de teoría para darle fundamento a lo que decimos. Pero más que todo, necesitamos evaluar lo que hemos andado, nuestra práctica, en todas las áreas o por lo menos las más importantes, para que la Palabra y el Espíritu puedan dirigir nuestras vidas.

 

No sé si será posible entrar en todos los puntos que he anotado aquí (hacía mucho tiempo que no me sentaba a anotar, pero me senté, y anoté, porque el Señor me mandó a hablar algunas cosas que nunca hablé. Les pido que tengan paciencia conmigo). Pero me gustaría evaluar con los hermanos, en primer lugar, cómo hemos leído la Palabra de Dios. Cuál es el temor y el respeto que tenemos de la Palabra de Dios. Me impresionó mucho en mi primera lectura del Antiguo Testamento, encontrar Isaías 66:2, donde Dios habla del Siervo que tiembla ante Su Palabra. No teme, tiembla. ¿Nuestro espíritu es así?

 

Otro punto sería la centralidad de la persona de Jesucristo. ¿Cuál es nuestra realidad como Iglesia en relación a Cristo? Nuestro mensaje, nuestra vida, nuestra enseñanza, ¿están centralizados en Él? ¿O es sólo un ítem más?

 

El Evangelio del Reino. He visto esa expresión usada de formas muy diferentes. Algunos aún usan esa expresión para nombrarnos: “Cuando vine al evangelio del reino…” ¿Qué es el Evangelio del Reino? ¿Cómo lo hemos aplicado?

 

Sentí también que sería muy importante en esta época, buscar entender, analizar, qué es ser profeta, qué es el ministerio profético. ¿Sabemos reconocer profetas? ¿Sabemos cuál es la función? ¿Recibimos a esos profetas?

Finalmente, no menos importante, tal vez el más importante de todos, el Espíritu Santo. ¿Cuánto hemos dado lugar al Espíritu Santo en nuestra vida como Iglesia? ¿Cuál es nuestro entendimiento sobre la realidad de la obra que el Espíritu Santo hace en la vida de la Iglesia? ¿Cuál es el lugar que le damos?    ¿Tenemos algunos paradigmas que dificultan la acción del Espíritu Santo? ¿No estamos entristeciendo en nada al Espíritu Santo?

 

 

 

 

 

[1]              Esta palabra existe en el español, es sinónimo de postergación, posposición.