La Vida En El Espíritu, Jorge Himitián

jorge_himitian_gdeJesús declaró (en  San Juan 7:37-38) “… si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”.   Con esas palabras, Jesús describe la vida de cualquier creyente.  Pedro aclara en el día de Pentecostés que la experiencia del bautismo del Espíritu Santo corriendo como ríos de agua viva de su interior, era para todos aquellos que el Señor llamara. La operación del Espíritu es dinámica, poderosa y abundante: ríos no arroyitos,  no un río, muchos. Agua  viva corriendo de su interior.

La Vida En El Espíritu

Pasajes para leer y memorizar:                              

Juan 7:37-39                     Romanos 6:6                2ª. Corintios 3:17                   Efesios 4:30

Juan 10:10                        Romanos 8:13-14         2ª. Corintios 4:10-11              1ª. Juan 1:6,7,9

Juan 4: 13-14                    Efesios 1:18-19            1ª. Tesalonicenses 5:16-19.    Hebreos 12:1-2

Gálatas 5:16-17                Hebreos 10:38-39         Colosenses 3:16                     Judas vers. 24

Gálatas 5:22-25                Efesios 5:8-10               Salmo 31:14-15ª

I)               CRISTIANOS NORMALES

 

Jesús declaró (en  San Juan 7:37-38) “… si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”.   Con esas palabras, Jesús describe la vida de cualquier creyente.  Pedro aclara en el día de Pentecostés que la experiencia del bautismo del Espíritu Santo corriendo como ríos de agua viva de su interior, era para todos aquellos que el Señor llamara. La operación del Espíritu es dinámica, poderosa y abundante: ríos no arroyitos,  no un río, muchos. Agua  viva corriendo de su interior.

La vida normal del  que cree en Jesús es justamente esta.  Esta es una experiencia para todos los que creen, no solamente para los apóstoles, evangelistas, pastores.

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10:10)   Jesús está hablando de cada uno de aquellos que han bebido de su Espíritu. La experiencia es abundante y continua.

“Cualquiera que bebiere del agua que yo le daré será en él  una fuente que salte para vida eterna” (Juan 4:13-14). No solo que habrá agua sino que saltará., no por breves momentos, no por meses o años sino para VIDA ETERNA.

Dios nos ha provisto de todo lo que necesitamos para que todos los que hemos creído vivamos en esta calidad de vida.

 

 

II)           IMITAR EL EJEMPLO DE JESUS

 

La descripción “normal”  del creyente según las escrituras es que “debe andar como Él anduvo”.  (1ra. Juan 2:6). Tenemos que comportarnos como Jesús.

La Palabra del Señor nos enseña que nuestra vida normal ha de ser con los cielos abiertos, que en todo momento estemos viendo al Hijo de Dios sentado a la diestra del Padre; que tenemos libertad para entrar en el Lugar Santísimo y Dios quiere que vivamos en esta actitud, en comunión plena y abierta con Él permanentemente.

La paz de Dios  tiene que gobernar nuestro corazón en todo tiempo.  ¿Dependemos en todo tiempo del Señor? ¿Disfrutamos de Su paz?

Si aparece un problema en vez de afligirnos, amargarnos y quejarnos, el apóstol Pablo nos dice lo que tenemos que hacer: presentar nuestras peticiones delante de Dios con toda oración y ruego y acción de gracias. Y, entonces, la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:6-7).

Es posible esa experiencia de “ríos de agua viva”  corriendo de  nuestro interior  en forma permanente y continua.  Ello produce paz y descanso en nuestro andar diario.

 

 

III)         LA VERDAD DE DIOS VENCE AL DIABLO

 

Satanás dice que tal experiencia no es posible, que nadie puede alcanzarlo pero Dios dice que lo que era imposible para la carne por cuanto era débil, a través de Jesucristo lo hizo posible, para  aquellos que no vivimos según la carne sino según el Espíritu (Romanos cap. 8).

Otras veces el diablo nos dice “es posible pero muy….muy difícil”.  ¿Cómo puede uno mantener la paz en tiempos difíciles? Nosotros con certeza podemos afirmar que no solo que es posible andar y vivir en el Espíritu sino que además es fácil.

Jesucristo dijo “llevad mi yugo sobre vosotros … porque mi yugo es fácil y mi carga ligera” (Mateo 11:29-30)

Cuando Jesús habla de yugo está hablando de seguirle a Él, del discipulado, de la vida cristiana, del andar como Él anduvo. Jesús nos dice que tenemos que aprender de Él, que su yugo es fácil y ligera su carga.

Es más difícil vivir sin descanso que vivir con descanso, es más fácil tener la paz que no tenerla, es más fácil  que los ríos corran que tengamos  tal sequía interior que si  nos estrujan no sale ni  una gota.

Es mucho más difícil trabajar, vivir, andar, luchar, en nuestras propias fuerzas que en su poder operando libremente en nosotros.

 

          IV)         ¿CÓMO VIVIMOS?

 

No podemos llevar una vida por debajo del  nivel que Cristo estableció. Un hijo de Dios tiene que vivir  esta calidad de vida en su hogar, en su matrimonio, en la relación con sus padres, con sus hijos, en la vida cotidiana.

El conflicto básico que se presenta es  este: por un lado hay una forma de vivir “según la carne” y hay otra forma de vivir “según el Espíritu”. El mandamiento es: “ANDAD EN EL ESPIRITU”. Porque andando en el Espíritu todo lo demás está cumplido, pero si no andamos en el Espíritu, aunque queramos cumplir todos los mandamientos no vamos a agradar a Dios, porque aquellos que viven según la carne NO PUEDEN agradar a Dios.

El andar en el Espíritu es una experiencia continua. En Romanos 8, San Pablo dice que los que son guiados por el Espíritu  ¿son profetas?, no ¡son hijos de Dios!.

El ser guiado por el Espíritu es la experiencia NORMAL de cada hijo de Dios según lo que dice el apóstol Pablo.  En consecuencia, si un hijo de Dios no vive según el Espíritu sino según la carne, no está viviendo la normalidad de la vida cristiana y todo se le hace cuesta arriba y muy difícil.

¿Qué es vivir según la carne?  Jesús dijo: lo que es nacido de la carne, carne es. Cuando Adán pecó, todo su ser: mente, espíritu, cuerpo se arruinó.  Entró el signo de la muerte dentro del ser que era Adán, y, Adán pasó a su descendencia su naturaleza pecaminosa.

Vivimos por lo tanto según la carne porque nacimos de padres así, y, así también somos igual que nuestros padres.

Ahora Jesucristo apareció para acabar con esta historia, para instaurar una nueva creación. Cuando muere en la cruz no solo carga nuestros pecados en su cuerpo, sino que también nos carga a nostros mismos en la cruz.

Si podemos creerle a Dios, por la fe debemos vernos clavados juntamente con Jesús en esa cruz. “… sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él , para que el cuerpo del pecado sea destruído, a fin de que no sirvamos más al pecado”. (Romanos 6:6)

La carne no tiene arreglo; el viejo hombre no tiene remedio. Es orgulloso, vanidoso, egoísta, rebelde, agresivo, envidioso, rencoroso, rencilloso, áspero, duro, contestador, respondón; no tiene nada que pueda mejorar. Y Dios, sabiendo muy bien que no puede mejorarnos a nosotros mismos, lo que hizo fue unirnos a Jesús. Cuando fue clavado en la cruz, Dios nos estaba crucificando juntamente con Él. Y Pablo cuando piensa en la cruz de Cristo y cuando por la fe contempla esa cruz, no ve solo a Jesús colgado de la cruz. Pablo también se ve colgado junto a Cristo, y por eso dice “con Cristo estoy juntamente crucificado…”

Nada puede experimentarse si no hay fe.  Fe es creer lo que Dios dice. No se ve, no se puede razonar, pero Dios dice y es verdad.  Tenemos que decirle al Señor. “Creo, Señor, mi viejo hombre está crucificado juntamente con Cristo para que el cuerpo del pecado sea destruído a fin de que no sirvamos más al pecado”.

Ese fue el tratamiento que Cristo y Dios le dieron a nuestra carne, a nuestro viejo hombre.  No es cuestión de esforzarnos para mejorar, eso es cansancio. Necesitamos experimentar la plenitud del Espíritu Santo, andar y vivir en el Espíritu.

Cuando el Espíritu vino sobre los apóstoles y discípulos, la vida del cielo irrumpió en ellos. La vida en abundancia era un suceso y una experiencia de todos los días. Encontraron el descanso de sus almas.

Los ríos corrían. Cuando hablaban en lenguas eran ríos; cuando testificaban eran ríos, cuando amaban a sus hermanos eran ríos,  cuando enseñaban, cuando se sujetaban, cuando vivían  eran ríos. No había esfuerzo humano para hacer andar el barco, eran los ríos de Dios, el poder de Cristo, la potencia del cielo que los llevaba.

Y fue esta vida del Espíritu, esta abundancia de vida lo que motivó la multiplicación tremenda de la Iglesia del primer siglo. No era ningún método, no era ningún plan que había que empujar, no era ningún ritmo que había que mantener. ERAN LOS RIOS DE AGUA VIVA QUE FLUIAN DE SU INTERIOR.

 

V)           DIOS QUIERE SU IGLESIA AL NIVEL DE SU VOLUNTAD

 

Dios quiere restaurar su Iglesia a ese  mismo nivel.  Y, lo  está haciendo y lo va a seguir haciendo hasta que nuestra experiencia continua sea la vida en el Espíritu del Señor.

Al venir el Espíritu, tenemos la posibilidad de ser liberados de la ley del pecado y de la muerte y vivir por la ley del espíritu de vida. Así, el Espíritu Santo implanta en nosotros todo el poder de la muerte de Jesús, y todo el poder de  la resurrección de Jesús.

El Espíritu nos ha dado la capacidad de vivir libres del dominio del pecado y del viejo hombre; libres del pecado y de la carne. Y, al mismo tiempo nos ha dado toda la capacidad para vivir como Jesús vivió.

Tenemos todo lo que necesitamos, todo el poder  para vivir como Jesús vivió.  Ahora bien, algunos se preguntan, ¿cómo entonces, si ya tengo el Espíritu, por qué vivo así?  La respuesta está en que Dios nunca anula nuestra responsabilidad.

NINGUNA OBRA DE LA GRACIA DE DIOS ACONTECE EN MÍ SIN MI PARTICIPACIÓN.

¿Cuál es la participación que Dios quiere? Él quiere FE. El poder del Espíritu está  en nosotros pero lo que lo pone en funcionamiento es la fe. Fe es creerle a Dios. La fe viene por oír la Palabra de Dios. Cuando oímos y creemos,  la supereminente grandeza de su poder opera en nosotros.

Ahora podemos amar como Jesús amó, perdonar como Él lo hizo, porque ya no vivo yo sino vive Cristo en mí. LA FE ES LO QUE POSIBILITA LA OBEDIENCIA.

 

VI)         LA IMPORTANCIA DE SER GUIADOS POR EL ESPIRITU

 

Del  capítulo 8 de Romanos, que por excelencia habla acerca de andar en el Espíritu, encontramos algunas cosas que convendría puntualizar.

La primera de ellas es que siendo creyentes hijos de Dios, aún estando bautizados con su Espíritu, hay dos formas de andar, de vivir: conforme a la carne, o, conforme al Espíritu.

Es decir que aunque ya tengo el Espíritu, todavía tengo la posibilidad de vivir en la carne, porque no es automático. Dios quiere mi fe, mi obediencia. Quiere mi dependencia del Espíritu.

Por eso la Palabra dice “andad en el Espíritu”, porque queda la alternativa de no andar en el Espíritu, y, por lo tanto, reaccionar en la carne, contestar en la carne. Andar quiere decir vivir, es la conducta. No es por un rato. Estamos andando siempre y aunque nos sentemos seguimos andando.

Lo segundo que podemos notar en Romanos 8, es que la vida cristiana normal es andar conforme al Espíritu. Por eso dice “ninguna condenación hay para los que están en Cristo”, y, ¿qué es estar en Cristo? Es no andar conforme a la carne sino conforme al Espíritu.

LOS QUE SON GUIADOS POR EL ESPIRITU SON HIJOS DE DIOS. No los que son guiados por la carne, por sus  impulsos o pensamientos.

Debemos andar según el Espíritu las 24 horas del día.

 

 

VII)      ANDAR EN EL ESPÍRITU IMPLICA UNA ACTITUD INTERIOR

 

Podemos estar quietos o muy activos, hablando sobre cualquier asunto, pero podemos estar en la carne o en el Espíritu.

Para estar en la carne es solamente necesario no estar en el Espíritu. Cuando estamos en la carne el que se manifiesta es el YO.  Cuando estoy en el Espíritu el que se manifiesta es CRISTO.

Vivir en el Espíritu trae un profundo sentido de que no soy yo, es Cristo en mí. Estando en la carne no se puede crecer, pero viviendo  en el Espíritu  hay una transformación gradual y paulatina, y el carácter de Cristo se va formando en nosotros.

Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

¿Cómo podemos saber si estamos en la carne o en el Espíritu?

Se puede hacer la obra de Dios en la carne, predicar en la carne, orar en la carne, profetizar en la carne.

Dios ha puesto evidencias tangibles, concretas, palpables en nuestro propio ser  para que podamos saber si estamos en la carne o en el Espíritu. ¿Cómo puedo saber si estoy en la carne o en el Espíritu? Por el fruto del Espíritu.  En Gálatas 5: 22-23, el apóstol Pablo afirma que “el fruto del Espíritu  es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…”

Este pasaje no habla de “los frutos” sino  del “fruto” del Espíritu. Si estamos en el Espíritu ese es el resultado en nosotros. Así que para saber si andamos en el Espíritu o en la carne tenemos que mirar los nueve “relojes” de Dios.

 

 

VIII)   LOS INDICADORES DE DIOS

 

Dios nos ha dado 9 relojes para que podamos saber si estamos en el Espíritu o en la carne. Y, estos nueve relojes son lo que el Espíritu produce en nosotros cuando estamos dependiendo de Él, cuando estamos viviendo  en la fe y obediencia del Espíritu Santo de Dios.

Así como un automóvil tiene varios relojes en el tablero que indican el nivel de combustible, presión de aceite, temperatura, etc., nosotros tenemos estos relojes que el Señor ha provisto para que evaluemos nuestro andar.

Estos relojes tienen una luz roja que prende y apaga. No hace falta manejar mirando todo el tiempo los relojes porque nos vamos a estrellar. No hace falta que uno salga a la mañana diciendo: a ver ¿tengo amor, gozo, paz, paciencia…? No debemos manejar mirándonos a nosotros mismos sino mirando a Cristo; “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”.

 

 

IX)          LO NORMAL ES VIVIR CONFORME AL ESPÍRITU

 

Si andamos conforme a la carne,  se apaga el Espíritu. Lo contristamos, lo relegamos dentro nuestro. Pero si vivimos conforme al Espíritu, no es que apagamos la carne, sino que hacemos morir las obras de la carne. No es que hacemos morir la carne, porque la carne, el viejo hombre, ya fue crucificado  hace dos mil años. Pero las obras de la carne, las acciones carnales que como hábito de la vieja vida aún quiere manifestarse en nosotros, si dependemos del Espíritu y andamos conforme al Espíritu, haremos morir esas obras de la carne.

El que vive según la carne no es un cristiano normal y el que vive en el Espíritu no es un cristiano excepcional  (un  fuera de serie), sino que lo normal para el pueblo de Dios es que todos los hijos sean guiados por el Espíritu Santo de Dios.

Como dijimos anteriormente Dios requiere de nosotros la FE, la participación de nuestra voluntad. Fe es extender las manos al cielo, es abrir la boca, es beber, es aferrarse. Fe es creerle a Dios, aceptar lo que Él dice y con todo nuestro ser abrazarle.  Si estos nueve relojes de los que hablábamos indican que todo está bien (hay  amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza) entonces realmente estamos andando en el Espíritu.  Si cualquiera de estos indicadores detectan fallas, ya no estamos en el Espíritu.

Debemos tomar conciencia que el Espíritu ha venido para gobernarnos totalmente, todo el día, todas las horas del día.

 

 

 X)          DEPENDIENDO DEL ESPIRITU

 

Si vamos a andar conforme al Espíritu, tenemos que DEPENDER del Espíritu Santo que mora en nosotros.

El Espíritu Santo viene en el nombre de Jesús para tomar el lugar de Jesús en nuestras vidas. Viene para que en el nombre de Cristo señoree en  nuestra vida. Pablo dice “el Señor es el Espíritu …”

El Espíritu  no es una linda sensación que nos hace hablar en lenguas, o una sensación de paz y de placer momentáneo. Ha venido para tomar la dirección,  control y dominio de nuestras vidas.

El Espíritu Santo es Dios. Él no viola nuestra voluntad. El  Espíritu Santo respeta nuestra voluntad. Así que aun  teniendo el Espíritu Santo, Él no nos va a imponer su voluntad sino que tenemos que sujetarnos al Espíritu que está en nosotros.

El Espíritu Santo no es impositivo. Es una persona. Si no lo atendemos, si no dependemos de Él, si no le consultamos, si no vivimos como Él nos dice, si no le escuchamos ni le atendemos, entonces ¿cómo vamos a andar en el Espíritu?

Esto apunta a la negación de nuestros razonamientos, sentimientos, deseos, a la negación de nuestra carne. El Espíritu Santo siempre va a aplicar la cruz en nosotros.

Debemos depender del Espíritu. No debemos reaccionar en seguida sino luego de una rápida consulta al Espíritu. Si vamos a responder una palabra dependamos del Espíritu, hasta que paulatinamente llegue a ser nuestra forma espiritual de reaccionar, nuestra forma espiritual de vivir.

VIVIR CONFORME AL ESPÍRITU ES OBEDECER AL ESPIRITU DE DIOS QUE ESTÁ DENTRO NUESTRO.

Lo que más espontáneamente reacciona en nosotros es la carne porque es nuestro estado natural. Pero luego que tenemos el Espíritu, Él nos va a guiar, a mover , a animar. Nos va a indicar  lo que tenemos que hacer. “Los que son guiados por el Espíritu, esos son hijos de Dios”.

Para que la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos mortales hay dos cosas que siempre van a estar presente en nosotros, que determinan nuestra dependencia del Espíritu de Dios. Uno es FE y otro OBEDIENCIA, sujeción. Y esto depende de mi responsabilidad personal.

Fe es creer la palabra, creer lo que Dios dice, aceptar lo que Dios dice.

Romanos 6:6 “…sabiendo que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo” ¿Creemos esto? Siempre lo tenemos que creer. Es una fe continua y permanente. Es permanecer en esta palabra.

 

 

XI)             HAY PODER EN LA PALABRA DE DIOS.

Hay poder en la palabra de Dios. Cuando Dios ordena, sucede. Dijo “sea  la luz” y “fue la luz”.

Jesús se acercó a un hombre paralítico y le dijo “levántate, toma tu lecho y  vete a tu casa”; ¿a un paralítico?

¿Qué pasó cuando Jesús dio la orden?  Es Palabra de Dios, palabra poderosa y creadora, que tiene virtud en sí misma. El paralítico oye la palabra, la recibe y obedece. No sabemos si primero hubo fe y luego obediencia o al revés, o si fueron las dos cosas juntas. Pero ese hombre, imposibilitado  de caminar cuando recibe la palabra de Jesús se opera un milagro. Lo que no podía, ahora es: camina, salta, toma la cama, se la pone al hombre y se va a su casa. ¿Qué sucedió? Actuó la Palabra de Dios.

De igual manera ocurrió con el hombre que tenía la mano seca. La orden fue ¡extiende tu mano! El hombre recibe la palabra, y, en el momento que se dispone a obedecer su mano se sana.

Cuando decimos que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece, ¿qué estamos diciendo? El Espíritu Santo que está en nosotros es Dios, no es mudo, él habla y guía, mucho más frecuentemente de lo que nos damos cuenta.

El Espíritu nos da la palabra exacta en el momento oportuno, o nos capacita para callar cuando hay que hacerlo.

Si vivimos en el Espíritu hay una virtud  que opera en nosotros. A veces es una palabra, a veces es una indicación, un mero impulso que establece lo que tengo que hacer. Cuando obedecemos el Espíritu opera.

Hay virtud en la Palabra de Dios. Si dependemos del Espíritu, la virtud del Espíritu operará también en nosotros.

Vivir en la carne es mucho más difícil que vivir en el Espíritu.

La resistencia a la Palabra produce cansancio, pero la sujeción al Espíritu trae paz.

 

 

XII)            COMO VIVIR SIEMPRE LLENOS DEL ESPÍRITU.

¿Cómo vivir siempre llenos del Espíritu, en la dependencia del Espíritu? ¿Cómo vivir de tal modo que toda nuestra vida fuera como un retiro espiritual?

¿Para vivir en el Espíritu necesitamos rodearnos de una circunstancia especial?

No podemos usar nuestras situaciones y circunstancias para justificarnos. “Si no fuera por  tal cosa  qué bien que andaría yo” dicen muchos. Jesús no va a excusarnos. El nos da poder para vencer en las circunstancias, cualquiera que fueran.

Vivir en el  Espíritu” es andar sobre los rieles que Dios ha establecido.

 

 

XIII)           DOS CAUSAS QUE NOS DESCARRILAN DEL ESPÍRITU

 

PRIMERA CAUSA:  LA “NO FE”

 

Pareciera que las únicas alternativas eran FE o INCREDULIDAD. Pero hay un estado que no es fe ni incredulidad. Es ausencia de fe, que no es necesariamente incredulidad porque la incredulidad  presupone que Dios dice algo y yo no lo creo.

FE es CREERLE a DIOS. ¿Qué se necesita para ello? La Palabra de Dios. Por eso la fe viene por el oír la palabra de Dios. Si no hay palabra de Dios no hay fe.

Por  tanto “no fe” equivale a ausencia de fe, ausencia de la palabra de Dios.

La presencia  de la palabra de Dios significa presencia de la verdad. Cuando hay ausencia de verdad hay mentira. La mentira silenciosa de Satanás empieza a infiltrarse y comienza el descarrilamiento. La preocupación toma terreno sobre la fe.

Por eso es necesario llenarnos de la Palabra. “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñandoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” (Colosenses 3:16).

A veces no sabemos  lo que nos pasa. No anduvimos discutiendo con nadie sin embargo estamos decaídos, desanimados. ¿Qué tenemos que hacer? Proclamar la verdad. Llenarnos de fe. Poner la palabra en nuestra boca y en nuestro corazón y las tinieblas desaparecerán y nos levantaremos.

Para cualquier caso, para cualquier circunstancia, la “no fe”, la mente en blanco, la mente pasiva, es terreno de Satanás.

 

SEGUNDA CAUSA: EL PECADO

 

Cuando pecamos el Espíritu se apaga, queda contristado y ya no fluye.

Cada vez que pecamos debemos confesar. Maridos groseros  con sus esposas, padres que responden mal a sus hijos,  patrones que amenazan a sus empleados, tantos ejemplos similares,  malos hábitos pecaminosos en donde nunca se pide perdón.

Quienes actúan así  han dejado de andar sobre los rieles, andan sobre los durmientes, viven en la carne. Concurren a los encuentros pero sin embargo nunca tienen los cielos abiertos para adorar a Dios. ¿Qué pide el Espíritu Santo? Que nos humillemos y confesemos nuestros pecados. Mientras no confesamos nuestros pecados se envejecen nuestros huesos.

A veces no son nuestros pecados los que nos descarrilan sino los que cometen otros contra nosotros. ¿Qué debemos de hacer en estos casos? Perdonar; porque si no perdonamos tampoco nuestro Dios nos perdonará.

Así que, estos son los dos factores que nos descarrilan del Espíritu: la “no fe” y el pecado. Que la palabra de Dios more en abundancia en nosotros y que podamos andar con una conciencia limpia delante de Dios. Apenas confesamos nuestros pecados gustamos la fidelidad de Dios, porque nos vuelve la paz, el gozo, la paciencia, todo aquello que nos faltaba.

 

 

XIV)        ALGUNOS CONSEJOS PRÁCTICOS FINALES

 

1)     Para  aprender a andar  en el Espíritu es necesario descubrir si estamos en la carne o en el Espíritu. La prueba de los nueve relojes es evidente: si hay amor, si hay gozo, si hay paz, si hay paciencia, si hay dulzura, hay fe, mansedumbre, dominio propio, el resultado es que andamos en el Espíritu.

2)     Si  en ese chequeo descubrimos que estamos en la carne debemos aprender a buscar la solución del problema. ¿Está presente la “no fe”? ¿hay pecado?  Si hay pasividad, mente en blanco, hay una mentira tácita que no sabemos lo que es, hay una “no fe” ¿Qué falta aquí? Falta Palabra de Dios. En este caso proclamemos la palabra, memoricemos las verdades de Dios. La palabra producirá fe y nos encarrilará correctamente.

Si  hay pecado tenemos que confesarlo y recibir por la fe el perdón de Dios.

3)     Andar en el Espíritu es un ejercicio. Tenemos que retornar al Espíritu cada vez que tengamos conciencia de que andamos en la carne. Dios no nos condena, por el contrario nos quiere ayudar como un padre tiene paciencia con su hijo pequeño que está comenzando a caminar. Tenemos que habituarnos a andar en el  Espíritu. Andar la mayor parte del tiempo en el Espíritu no es tan difícil; hay que ser cuidadoso, prolijo con Dios, hay que confesar cada pecado en su momento y permitir que la palabra de Dios more en abundancia en nosotros.

4)     Aún podemos dormir en el Espíritu. El salmista dijo “en paz me acostaré y asimismo dormiré…”  Tal como nos acostamos es como dormimos. Si al acostarnos tenemos paz, vamos a dormir en paz. Conviene siempre antes de acostarnos darle una rápida mirada a los relojes: ¿hay gozo? ¿hay paz? ¿hay paciencia? … ¿está todo en orden? Si está todo bien alabemos al Señor , metámonos en la cama y durmamos en el Espíritu.  Pero si hay situaciones para arreglar, si estamos en la carne, arreglemos el problema, encarrilémonos en el Espíritu.

5)     Tenemos que aprender y saber en qué puntos o áreas nos descarrilamos facilmente. Lo primero que tenemos que hacer es aprender a encarrilarnos cada vez que descarrilamos, pero luego tenemos que aprender a no descarrilarnos, es decir armarnos previamente para que ante la presión no nos descarrilemos. Aprendamos a distinguir las causas que nos quitan el gozo, que nos quitan la paz, que nos quitan la paciencia… Confesemos nuestras debilidades a los hermanos, pidamos oración, pidamos ayuda, y aprendamos a depender del Espíritu del Señor permanentemente.

6)     Renovémonos diariamente. Todos los días dispongamos un tiempo para orar, para leer las Escrituras, no leer por leer sino CREYENDO lo que Dios dice.

 

 

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