“La escuela no prepara para la nueva economía”, Alvin Toffler

AlvinToffler, el hombre que logró predecir algunas de las principales características del fin del siglo XX y del comienzo del XXI, ahora advierte que varias de las instituciones básicas de la sociedad han sido superadas por la realidad, al tiempo que pronostica el fin de la revolución digital y anuncia la era de la revolución biotecnológica.

En el tope de su ranking de la obsolescencia, Toffler menciona con preocupación el sistema educativo, porque -sostiene- las escuelas de hoy fueron pensadas hace 200 años para las fábricas de la Revolución Industrial y no preparan a los jóvenes para la nueva economía. “Sin instituciones públicas de avanzada no puede haber desarrollo económico avanzado”, subraya.

Ese fue uno de los ejes de la charla que brindó anteayer en el seminario que organizó HSM en Buenos Aires y de la entrevista que mantuvo luego con La Nación . En total, casi cuatro horas en las que este oriundo de Brooklyn, de 72 años, no paró de tirar ideas que obligan a repensar casi todo, de responder a todas las preguntas, sin rehuir ni siquiera las que parecen más triviales, para devolverlas en conceptos creativos o impactantes.

Ameno, con gran sentido del humor, parece tener una fábrica de imágenes para explicar sus ideas y ser dueño de todo el tiempo del mundo para hablar con autoridad de cosas que aún suenan a ciencia ficción y de conceptos entendibles por todos.

Su insistencia en el tema educativo no puede extrañar si se tiene en cuenta que este hombre, que se autodefine como “un escritor”, sostiene que la humanidad ha ingresado en “la tercera ola” o en “la sociedad del conocimiento”. Pero Toffler no sólo prende las alarmas, también propone soluciones.

-¿Cómo deberá ser el sistema educativo del futuro?

-La escuela debe dejar de simular la fábrica para simular el futuro. Hay que aprender para el mañana y pensar en la educación más allá de la escuela. Los conocimientos de los chicos de hoy sólo en una pequeña parte son aportados por la escuela. Por lo tanto, más gente debe participar del sistema educativo y los medios deben motivar para la educación.

-¿Cómo se hace para producir esa transformación?

-Se debe involucrar en el proceso educativo a más actores. Debe participar la gente común: los padres, los jubilados, profesionales y especialistas en diversos oficios, gente con muchísimos conocimientos y habilidades, pero a los que no se les permite enseñar porque no son “maestros”. El problema es que las escuelas públicas se resisten a la diversificación y los sindicatos de maestros se oponen, aun con las mejores intenciones.

-Es un cambio muy grande…

-Con pequeños cambios se puede empezar a transformar la educación. Por ejemplo, yo propuse que se modificara el sistema de grados por edades y se formen bandas de aprendizaje.

-¿Qué son bandas de aprendizaje?

-Significa crear grupos de chicos cuyas edades oscilen en una franja de tres años y que puedan elegir materias según sus intereses y su maduración. Hay que impulsar la creatividad.

-¿Los países más desarrollados están trabajando en este sentido?

-La discusión que se da en mi país sobre la educación es ridícula. Se discute sobre dinero, salarios de maestros, pero el problema es otro, es el sistema. Antes de saber cómo educar o cuánto se gasta se debe definir qué pretendemos de la educación, para qué servirá, quién participa en el proceso educativo y cómo se imagina el futuro.

-Pero los recursos económicos no dejan de ser un problema.

-Hay que pensar de otra manera. Hay que tirar algunas teorías económicas. En la sociedad de la primera y segunda ola, basada en la producción de bienes, tenía sentido la definición de economía como la ciencia de la administración de los recursos escasos. Pero en esta etapa ya no se trata de recursos escasos, sino del conocimiento, que es un bien ilimitado.

-En la Argentina ahora se debate si hay que invertir en Internet o en investigación científica pura.

-Se deberían hacer las dos cosas y tomar la plata de otro lado. Si no, se debería invertir en Internet y utilizarla para la ciencia. Es una herramienta por la que los científicos pueden participar en proyectos tanto en Silicon Valley como en China. Sin Internet se reducirían las posibilidades científicas. Como dije antes, hay que sumar a la gente común a la investigación.

-¿Cómo?

-Esto puede sonar loco, pero teníamos un proyecto sobre la búsqueda de vida en otros planetas que se cortó. Luego se hizo en forma privada y se invitó a 100.000 personas en la Red para hacer observaciones. Así podemos usar a la gente para la investigación fundamental, y lo hacemos. Hay formas de encontrar la información que los científicos pueden usar.

-¿Cómo se hace para evitar la exclusión de mucha gente que no tiene acceso a Internet?

-Hay dos cosas que van a pasar simultáneamente, que van a mejorar. Una es la convergencia de la tecnología: eso implica que las diferencias entre la PC y la TV serán menores… y en el futuro se podrá comprar un aparato que incluya las dos, al mismo precio o aun menor. Ahora sabemos que en este país el 95 por ciento de la población tiene TV. Pero, segundo, los usos van a ser más variados. Sus hijos darán por sentado el hecho de vivir en un ambiente electrónico.

-Usted dio a entender que la prosperidad de EE.UU. está relacionada con haber comprendido a tiempo la tercera ola.

-Son varios factores. Lo que sucede es que EE. UU. comenzó a moverse en esa dirección en los años 50, a diferencia de Europa, que hoy no tiene ninguna empresa líder en computación y sus índices de desocupación duplican o triplican los de EE.UU. Pero la tercera ola no es una revolución económica, sino también social y cultural.

-¿Qué habrá en el futuro?

-En el futuro, por ejemplo, podremos programar los átomos para que se comporten por sí mismos de determinada manera y hagan productos. Estamos hablando de una especie de computadora personal que podría crear muchísimas cosas. Eso está siendo estudiado en EE.UU. La cuestión es que la materia prima de esos productos puede venir del aire. También, pronto, la agricultura no sólo aportará alimentos, sino también remedios, esto es la biotecnología.

Toffler admite que parece ciencia ficción, pero que no lo es. Y el que lo dice es el hombre que hace 30 años anticipó el presente, cuando la computadora personal, la TV por cable e Internet también eran ciencia ficción.

Por las dudas, lanza su última advertencia: “El desarrollo no será continuo. Habrá avances y retrocesos. Imagínese que el paso a la segunda ola, a la Revolución Industrial, generó guerras y revoluciones. Y la tercera ola no es un cambio económico, es el surgimiento de una nueva civilización”. .

Por Claudio A. Jacquelin De la Redacción de La Nación