Algunas Preguntas Para “Pesar” Nuestra Paternidad, Danny Baker

Siempre en esta fecha las autoridades escolares califican a nuestros hijos en su desempeño académico. Ellos miran a nuestros hijos desde la “ventana” escolar, desde lo que ellos esperan y exigen. Nos conviene que evalúen a nuestros hijos en su rendimiento académico porque a ellos les hace bien aprender, conocer, desarrollar los mecanismos de la razón mediante las ciencias, la matemática y la comprensión del habla y del mundo natural.

Cuando aprueban nos alegramos. Sentimos un gran alivio. Porque alcanzamos una certificación que sirve de prueba de que no hemos privado a nuestros hijos de la educación y que nos hemos esforzado, cuando menos, por equiparar en lo académico a  nuestros hijos con los alumnos que todo el año asisten a clases. Si no pasan esta prueba, sabemos que podemos hacer ajustes, enfocándonos en las áreas de mayor debilidad, sabiendo que tendremos una nueva oportunidad.

Pero es también una época del año en la que debemos someternos a otra evaluación más importante, que mida nuestro desempeño como padres y madres y que nos permita hacer una proyección más realista y completa del futuro de nuestros hijos.

Recordemos que el factor más determinante del futuro de nuestros hijos es el carácter. Buscamos criar hijos que alcanzan su potencial. Dueños de sí mismos. Esforzados, gentiles y amables, sociables, íntegros, sinceros, superadores de sus debilidades, organizados, confiables, etc. Hijos así triunfarán tanto en el campo espiritual como profesional.

¿Qué elementos debemos evaluar en el carácter de nuestros hijos? ¿Cómo saber si nuestros hijos en verdad están madurando? Sugiero una lista que no pretende ser ni la mejor, ni la más completa. Es solo un bosquejo rápido de un cuadro que podremos ir completando con el tiempo, a medida que nos volvamos más expertos en este proceso de abarcar plenamente nuestra paternidad y maternidad.

Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres. Lucas 2.52

¿Qué significado tienen estas tres cosas que Lucas menciona acerca del niño Jesús? Las tres están interrelacionadas y dependen una de la otra y todas ellas se manifiestan en la relación con Dios y con los hombres.

En la sociedad antigua, cuando un niño crecía era más sabio y  tenía mayor gracia. La estatura, sinónimo aquí de madurez, estaba dada por estos dos factores esenciales del caráceter. Los tres aspectos. Sabiduría, madurez y gracia,  se debían dar armónicamente. Había una expectativa en la sociedad judía para cada edad, y la sociedad entera sustentaba los valores que los niños debían tener. El clan, conformado por varias generaciones de parientes, era celoso en custodiar el desenvolvimiento de los niños en el ambiente familiar, en el ambiente social y en las circunstancias de la vida que les tocaba vivir.

Wikipedia en español define a la sabiduría con estas palabras:

La sabiduría es un carácter que se desarrolla con la aplicación de la inteligencia en la experiencia propia, obteniendo conclusiones que nos dan un mayor entendimiento, que a su vez nos capacitan para reflexionar, sacando conclusiones que nos dan discernimiento de la verdad, lo bueno y lo malo. La sabiduría y la moral se interrelacionan dando como resultado un individuo que actúa con buen juicio. Algunas veces se toma sabiduría como una forma especialmente bien desarrollada de sentido común.

 Notemos las palabras “carácter”, “inteligencia”, “experiencia”, “entendimiento”, “reflexión”, “discernimiento”, “verdad”, “bueno y malo”.

La palabra nos enseña que la sabiduría comienza con el temor de Dios y parece sugerir que continúa con una actitud correcta hacia los padres: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre; Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, Y collares a tu cuello”. (Pro 1.8-9)

¿Estamos criando hijos sabios, que temen a Dios, que oyen atentamente la instrucción y la enseñanza?

Y más aún, ¿estamos instruyendo y enseñando a nuestros hijos?

Nuestro hogar, ¿aprovecha las horas para la instrucción y la enseñanza? Las circunstancias que vivimos, ¿nos transforman o nos dejan cómo somos? Nuestros hijos siguen repitiendo los mismos errores y manifestando los mismos defectos de carácter?

 En su fuero íntimo

¿Han aprendido a obedecer?

¿Cuántas veces hay que decir una orden para que la cumplan?

¿Pueden comprender las instrucciones de otros y seguirlas?

¿Tienen una mente y espíritu esforzado?

¿Tienen capacidad para reflexionar acerca de sus actitudes y errores?

¿Pueden arrepentirse de sus errores y disculparse con facilidad?

¿Tienen discernimiento del bien y el mal?

¿Tienen un corazón que ama la razón?

¿Se interesan por la verdad?

¿Tienen interés por la palabra de Dios?

¿Saben orar con un corazón que ama a Dios?

 

En relación con otros

¿Tienen respeto hacia los ancianos?

¿Saben escuchar a los adultos?

¿Saben saludar con gracia?

¿Saben mostrar aprecio a otras personas?

¿Son niños cuya compañía es deseable?

¿Pueden interactuar naturalmente con todas las edades?

Si tienen la tendencia a la hiperactividad, ¿han aprendido a quedarse quietos, escuchar y conversar?

Si tienen la tendencia a estar quietos, ¿han aprendido a jugar y divertirse en la acción?

Si tienen la tendencia a aislarse, ¿han aprendido a disfrutar el estar con otros?

Si tienen la tendencia a dominar, ¿han aprendido a ser guiados por otros?

Si tienen la tendencia a la timidez, ¿Han aprendido a saludar, a hacer preguntas, a interesarse por otros, a hablar y escuchar?

¿Pueden conversar cuando la familia se sienta a comer, integrándose en la conversación?

¿Saben colaborar en el orden de la casa?

¿Saben asearse y mantener el orden de su cuarto y efectos personales?

¿Saben situarse en diversas circunstancias o el mundo debe girar en la dirección de ellos para que se sientan a gusto?

¿Saben tratar a otros niños? ¿Pueden interactuar correctamente con personas adultas?

¿Saben saludar?

¿Pueden jugar pacíficamente o precisan ganar siempre?

¿Pueden participar en los temas comunes de otros niños de su edad?

¿Pueden participar de reuniones?

¿Son agradecidos?

¿Tienen un corazón alegre que no precisa de estímulos externos para alegrarse?

Esta lista de preguntas no debe desanimarnos, sino, por el contrario, debe impulsarnos hacia nuestra meta de criar hijos sabios y llenos de gracia. Crecer en estatura es crecer en sabiduría y gracia. La edad de nuestros hijos debe alcanzar una madurez de comportamiento y carácter muy distinta a la de la sociedad que nos rodea porque esta sociedad no tiene metas ambiciosas para nuestros hijos.

Las preguntas tampoco están completas. Cada uno de nosotros debe agregar a esta lista conforme a la gracia y carga que tiene.

Que el Señor nos haga padres que saben guiar a nuestros hijos en el camino que deben seguir para que jamás se aparten de él.