¿Por Qué El Mundo No Me Odia?, Vanjo Farías

Mensaje dado el 17/12/2024 en un encuentro en la ciudad de Salvador, Bahía, Brasil.

Permítanme hacer un pequeño retroceso al encuentro de esta mañana, porque mientras Marcos Moraes ministraba y contaba un poco de nuestra historia, fui recordando las señales que Dios fue poniendo en nuestro camino. Nuestro camino está marcado y si miramos hacia atrás, sabremos por dónde fuimos conducidos.

En Jeremías 31:21, Dios apela a su pueblo por medio del profeta y dice: “Pon para ti señales, pon postes que te guíen, presta atención en el sendero por donde pasaste, regresa, oh virgen de Israel”.

La palabra de Marcos esta mañana, hermanos, nos trajo la necesidad y la grandeza de la unidad. No solo el deber que nos pesa para promover esa unidad, sino aquello que está latente en el corazón del Padre, en el corazón del Hijo, en el corazón del Espíritu Santo, en el corazón de la Trinidad: un solo pueblo, un solo rebaño, un solo pastor.

Pero esto también apela al tipo de vida que este Padre, este Hijo y este Espíritu quieren que vivamos. No es suficiente ser uno. No es suficiente estar unidos. Los hombres se unen para muchas cosas. La humanidad ya se unió contra Dios. Parte del cielo se unió contra Dios. Los hombres se unen para cosas malas. Pero Dios quiere que su pueblo y sus hijos se unan para vivir un tipo de vida que él diseñó.

Esa vocación que apunta a una vida semejante a la de Jesús se ha enfriado, y el brillo en los ojos de muchos se ha apagado, y el fuego en el corazón de muchos se ha extinguido. Pero Dios no cambia su propósito. Él aún quiere que tú y yo seamos como Jesús. Pero necesita que nosotros queramos ser como Jesús.

Dios nunca va a cambiar. Dios nunca va a alterar su propósito. Dios siempre querrá que tú y yo seamos parecidos a Jesús. Pero si tú no quieres, y si yo no quiero, la obra de Dios no será concluida. Entonces necesitamos preguntarnos: ¿en qué necesitamos ser como Jesús?

A fin de arriesgar la vieja catequesis que nunca más hicimos: ¿en qué debemos ser semejantes a Jesús?-ser mansos y humildes como Jesús, ser santos como Jesús, venir a servir como Jesús, predicar al mundo como Jesús, perdonar como Jesús, amar como Jesús.

Hermanos, he comentado con algunos que existe una gran diferencia entre una mera afirmación  mental —es decir, una concordancia en tu mente de que ese concepto es correcto— y tener revelación de parte de Dios de que eso es una verdad. Yo puedo concordar con una serie de cosas sin que esas cosas griten a mi corazón que yo tengo que vivir así.

Temo que entre nosotros haya un gran número que piense correcto el querer ser como Jesús, que piense que es correcto, que piense que es bueno… pero no para serlo, sin imponer esto a su propia vida. No se deja desafiar en las cosas pequeñas. 

Es necesario rescatar, en lo profundo de nuestra conciencia, que Dios quiere que seamos parecidos a Jesús y que debemos perseguir esto hasta el último suspiro de nuestras vidas. Y correr la carrera para perseverar en ella hasta el día de nuestra muerte o hasta el día en que Jesús venga a buscarnos.

Amados, es una lucha sin tregua, porque la carne no pide permiso ni por favor. La carne está ahí. Cuando Jesús advierte a los discípulos y dice: “Velad y orad para que no entréis en tentación”. ¿Por qué hizo esa advertencia? Él dijo: “El espíritu, en verdad, está pronto, pero…” y ahí viene la coma: “…pero la carne es débil”.

Y porque la carne es débil, vela y ora, porque si no, entras en tentación. Y después que entras en tentación, es difícil salir. Yo sé que muchos de ustedes tendrían cosas que decir sobre esto, de haberse permitido andar en caminos resbaladizos y haberse permitido situaciones que evolucionaron y salieron de su control. Y ustedes pecaron porque se permitieron entrar en tentación.

La advertencia de Jesús para velar y orar es para prevenir que no entremos en tentación.

Yo uso con frecuencia un lenguaje del campo. Allá en el interior se dice así: “La vaca se fue al pantano”. Quien ya anduvo en el campo y vio una vaca en el pantano sabe lo que eso significa. El vaquero viene arriando la manada, una vaca se desvía y entra al pantano. Allí en el pantano, el perro no va a ayudar a arrear el ganado. Los perros son usados para eso. El caballo no entra, porque si entra se queda atascado también. Entonces hay que lazar a aquella vaca, amarrarla a la silla de uno o dos caballos. A veces el vaquero tiene que entrar para ayudar, empujar y sacar la vaca del pantano. Cuando nosotros entramos en tentación, ese proceso comienza: es como ir al pantano, es difícil salir.

José huyó de aquel ambiente con la mujer de Potifar porque sabía que, si se quedaba, fatalmente entraría en tentación y tropezaría.

Es necesario, amado, que si tú tienes revelación de Dios —y cuando hablamos de revelación no estamos diciendo de ninguna experiencia sobrenatural de aparición de ángeles o visiones, estamos hablando de aquella acción del Espíritu Santo descubriendo a nuestra conciencia, a nuestro corazón, determinadas verdades—, cuando esas verdades de Dios son descubiertas en nuestro corazón, o sea, cuando ellas son reveladas a nuestro corazón y a nuestra conciencia, entonces aquello se convierte en nuestra verdad. Y ya no conseguimos andar de forma contraria a esas cosas, porque ellas marcan nuestra conciencia.

Entonces yo quería animarte a ser exigente contigo mismo, porque eres tú quien dice que quiere ser parecido con Jesús. No somos nosotros. Nadie dice eso por mí. Yo tengo que decírmelo a mí mismo, y yo tengo que ser convincente conmigo mismo de que quiero ser parecido con Jesús. Y para convencerme a mí mismo, tengo que ser coherente entre lo que declaro y lo que me propongo hacer.

Yo quería animarte a pasar un peine fino en tu historia reciente y elegir todas aquellas situaciones que sabes que embarran tu camino, que dificultan tu carrera, que te impiden correr de manera libre. La semejanza con Jesús, ser parecido con Jesús, es el propósito de Dios, pero tiene que ser nuestro objetivo. Y si es mi objetivo, yo lo voy a perseguir. Y eso no puede quedarse en la subjetividad, no es una cosa abstracta, eso tiene que ser práctico, tiene que ser visible. Es necesario que seamos vistos corriendo en esa dirección.

Yo dije que la carne no pide permiso, ella siempre está ahí. Y cuando no andamos en el Espíritu, no existe una tercera vía, una tercera alternativa. En el momento en que dejamos de andar en el Espíritu, ya estamos en la carne, y la carne se manifiesta con todas sus obras. Potencialmente, hermanos, están en nuestros miembros todas aquellas obras de la carne de las que Pablo se refiere en Gálatas 5. Y el único camino, el único recurso que tenemos para no andar en la carne es andar en el Espíritu.

Y la Biblia dice que nosotros recibimos la vida del Espíritu en nuestro espíritu. Cuando en Juan capítulo 1, verso 12, dice que Jesús vino para los que eran suyos y los suyos no lo recibieron, pero a todos cuantos lo recibieron, les dio poder de ser llamados hijos de Dios, los cuales no nacieron de la voluntad de la carne, ni de la sangre, ni de la voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios. Un día tú naciste de Dios. Un día fuiste regenerado. Un día experimentaste la indagación de una buena conciencia para con Dios. Tus pecados fueron cancelados. Tú te rendiste a Jesús, que pasó a ser tu Señor y a gobernarte. Y recibiste la vida. Estabas muerto, y reviviste. Estábamos muertos en nuestros pecados y delitos, y Él nos dio vida juntamente con Cristo.

Entonces Pablo, hablando a los Gálatas en el capítulo 5, verso 25, dice así: “Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu”. Era como si Pablo no entendiese: “¿Por qué ahora que ustedes tienen la vida en el Espíritu, prefieren aún andar en la carne?”. Si vivimos en el Espíritu, si recibimos la vida en el Espíritu, andemos así.

La carne está contra nosotros. Y el mundo está contra nosotros. Y este mundo está contra nosotros porque este mundo tiene un príncipe.

Voy a hablar bastante del mundo hoy, porque aunque no seamos del mundo, estamos en él. Y necesitamos revisar cómo andamos en este mundo que no es nuestro, como Dios quiere que vivamos aquí.

En Juan capítulo 17, versos del 11 al 18, iré leyendo y deteniéndome en algunos de esos versículos. Jesús, orando al Padre, dice: “Ya no estoy en el mundo, pero ellos continúan en el mundo, mientras yo voy junto a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre, el que me diste, para que ellos sean uno, así como nosotros. Cuando yo estaba con ellos, los guardaba en tu nombre que me diste y los protegí, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy para junto de ti. Esto lo digo en el mundo, para que ellos tengan mi gozo completo en sí mismos. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los odió”.

Yo quería que ustedes se preguntaran individualmente: ¿el mundo me odia? ¿Te sientes odiado por el mundo? ¿Tu vida incomoda lo suficiente para que el mundo te odie? ¿O eres cómodo en el mundo? ¿O te sientes cómodo entre los mundanos, tú que no eres del mundo?

Me acuerdo que muchos años atrás estaba leyendo un artículo del hermano Andrés, fundador de la llamada “Misión Puertas Abiertas”. Ese hermano ya está con el Señor. Él contaba que en los años 70, visitando la iglesia en Rumanía, cuando Rumanía aún formaba parte de la extinta Unión Soviética y la iglesia estaba siendo brutalmente perseguida por el régimen comunista —como sigue ocurriendo en cualquier lugar del mundo donde el comunismo se establece, el hermano Andrés estaba en una reunión secreta en una casa cerrada, escondida, conversando con los hermanos y allí en comunión hablaba de la libertad que él experimentaba en Holanda, porque él era holandés.

Y aquellos hermanos se extrañaban mucho: “¿Cómo es que la iglesia no es perseguida en esos lugares?”. El hermano Andrés decía: “No, allá nosotros tenemos libertad, tenemos nuestros templos, hacemos reuniones grandes, hacemos reuniones en las plazas, visitamos las casas de las personas para hablar de Jesús, distribuimos Biblias públicamente”.

Y aquel pastor rumano le preguntó así: “¿Qué hacen ustedes con 2 Timoteo 3:12?”.

En su artículo él dijo que sintió mucha vergüenza, porque ni siquiera se acordaba de lo que estaba en 2 Timoteo 3:12. Y fue a leerlo. Estaba allí registrado: “Todo aquel que quiera vivir piadosamente en Cristo será perseguido”.

Y aquel pastor no conseguía entender cómo había una iglesia que no era perseguida. Entonces hizo una asociación muy simple: “Ustedes no viven piadosamente, la piedad de ustedes no es suficiente para incomodar al mundo. El mundo no se siente incómodo con su presencia. Cuando los hermanos de Jesús insistían para que él fuese a la fiesta en Jerusalén, él dijo que no había llegado su hora, y después dijo así: “A ustedes el mundo no los odia, pero a mí me odia. ¿Por qué? Porque yo doy testimonio contra sus obras, que son malas”.

Todas las veces que la iglesia se calla delante de la maldad, todas las veces que la iglesia se calla delante de la perversidad, deja de testificar contra el mundo y se convierte en amiga de él, se vuelve amiga de él.

Quiero tomar algunos ejemplos simples a lo largo de esta palabra. Por ejemplo, ¿ustedes ya pensaron que en algún momento su empleo va a ser comprometido si no tienen que hablar “todes”? ¿Y ustedes van a hablar “todes”? ¿Van a decirle a Dios que él se equivocó, que ya no existe más hembra, que ya no existe hombre y mujer, que no es “todos y todas”, sino que tiene que ser “todes”?

Pues bien, vean cuántas concesiones ustedes ya hicieron. Y cuanto más concesiones hacen al mundo, más él avanza sobre su vida y sobre su conciencia y los hace callar. Y llegará el momento en que serán incapaces de abrir su boca para dar testimonio contra el mundo, y el mundo no los odiará, y ustedes serán hechos amigos del mundo. Pero sepan que la amistad del mundo es enemistad contra Dios.

Una pregunta que me he hecho bastante en los últimos tiempos: el Señor Jesús volverá, establecerá su reino sobre la tierra y reinará sobre la tierra con nosotros por mil años. Por favor, mi hermano, sobre todo los jóvenes: pregúntense, ¿cuál es el tipo de entretenimiento que Jesús va a permitir que se haga cuando reine sobre la tierra por mil años?

¿Cuáles son los entretenimientos con los que hoy envuelves tu mente, tu corazón, tus emociones y tu alma, y que sabes que entristecen al Espíritu de Dios, y que sabes que contradicen a aquel a quien llamas Señor, pero que aun así te atreves a hacer?

Dije y quiero repetir: sé exigente contigo mismo. No esperes que alguien venga a apretar tu mente y tu conciencia. Evalúa delante de Dios: ¿dónde y en qué estoy haciendo concesiones al mundo y a la carne?

Juan 17: “Yo les he dado tu palabra, y el mundo los odió, porque no son del mundo, como tampoco yo lo soy”.

¿Tienes esta conciencia de que no eres del mundo, de que aquí es pasajero? No fuimos hechos para esto aquí. Fuimos hechos para Dios, para vivir para él por toda la eternidad.

Perciban, amados, que Jesús nos colocó en la misma condición que él: “Ellos no son del mundo, Padre, como tampoco yo lo soy”. O sea, en la misma medida en que yo no pertenezco a este mundo, estos que tú me diste del mundo tampoco pertenecen más.

¿Y por qué coqueteas tanto con el mundo? ¿Y por qué te acercas tanto al pecado?

He usado una figura que voy a intentar reproducir aquí —permítanme el desorden. Colosenses 1:13-15 dice que él nos libertó del imperio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su amado Hijo. Nosotros estábamos en el imperio de las tinieblas, éramos por naturaleza hijos de ira, éramos enemigos de Dios por nuestras obras malignas. Y por medio de Jesús él nos sacó de allí y nos trajo aquí.

Ahora, una vez puestos aquí, en el reino del Hijo de su amor, yo tengo diversas formas de caminar. La mejor manera es dar las espaldas al mundo es caminar de manera perpendicular dejando el mundo atrás, alejarme lo más rápido posible del abismo del que salí, sin siquiera tener la oportunidad de mirar atrás, porque estoy de espaldas.

Pero yo también puedo alejarme del mundo en diagonal, en un ángulo de 45 grados, a veces menor, a veces mayor, lo que me permite mirarlo de costado, y eso retrasa mi distanciamiento.

Pero amados, lo peor es que muchos hijos de Dios andan en paralelo al mundo. Salieron del abismo, fueron traídos hasta aquí, pero —no sé explicar por qué mecanismo maligno y carnal— prefieren continuar aquí en la orilla, tambaleando, tocando y volviendo, tocando y volviendo. Y es fácil ver cuántos terminan cayendo.

Una vez, Dios convocó a la nación de Israel y dijo: “Vengan, razonemos, vamos a conversar. Consideren sus caminos”.

¿Tú diste las espaldas al mundo y estás caminando perpendicular? ¿Estás en diagonal? ¿Estás en paralelo? ¿Cuál es tu realidad? ¿Cuál es la realidad de tu caminar?

Recuérdense: no es suficiente ser uno. Necesitamos ser como Jesús. Y él no anduvo en paralelo con el mundo. Por eso el mundo lo odió.

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”.

¿Por qué el Señor no quería que el Padre nos quitase del mundo? Porque es aquí, en el mundo, donde tenemos que estar para ejercer nuestro sacerdocio, para ser embajadores del Reino de los Cielos, proclamando a los hombres que se reconcilien con Dios. Porque es en el mundo que tenemos que ser sal y luz. Es en el mundo que nuestras buenas obras necesitan ser vistas para que el Padre sea glorificado. Y si él nos quita del mundo, eso no ocurre.

Entonces él dice: “No ruego que los quites del mundo, sino que los libres del mal”.

Hermanos, Jesús oró para que el Padre nos libre del mal. Por favor, no demos ocasión a la carne, ni al pecado, ni al diablo. No coqueteemos con el mal sin la intercesión del Señor, que es la que hace que el Padre nos libre de este mal.

“Yo no soy del mundo, como ellos no son del mundo, como tampoco yo lo soy”. Él está repitiendo: “Padre, ellos no son del mundo, del mismo modo que yo no lo soy”. O sea, nos fue conferida la misma naturaleza de Cristo.

Jesús es Dios que se hizo hombre y recibió forma corpórea, y hasta hoy tiene un cuerpo. Al lado de la Majestad está sentado un hombre. Jesús es nombre de hombre, no es nombre de Dios. Y él nos hizo semejantes a él. Él transformará nuestro cuerpo de humillación para ser igual al cuerpo de su gloria. Cuerpos glorificados, pero cuerpos al fin.

Entonces aquí Jesús nos pone en una condición semejante a la de él: “No soy del mundo de la misma forma que Jesús no es del mundo”.

Después de la resurrección, Jesús dijo a los discípulos: “Vuelvo a mi Dios y al Dios de ustedes”.

Perciban cómo él se incluye en nuestra humanidad, y llama al Padre “su Dios”. Pero después nos incluye en su eternidad y llama a su Padre “nuestro Padre”. No sé lo que eso representa para ustedes, pero a mí me impacta en mi conciencia, porque él quiso colocarme en una condición igual a la de él. ¿Y cómo respondo yo a esto?

“Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad”. Yo quiero que, por favor, te preguntes — ¿qué significa la Palabra de Dios para ti? ¿Cuánto tiempo dedicas a estudiarla y a conocerla? ¿Consideras que es posible ser santo sin la Palabra?

Jesús dijo: “Oh Padre, santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad”. O sea, santifícalos por ella. Esa Palabra que nos lava, esa Palabra que ajusta nuestra conciencia a la de Dios, esa Palabra que acerca nuestro corazón al de Dios para saber lo que él piensa, lo que él quiere, cómo él siente. Y nos hace querer andar en esos pasos.

“Así como tú me enviaste al mundo, también yo los envié al mundo”. Ustedes no están en el mundo para disfrutar de él. Ustedes están en el mundo por el mismo motivo por el cual Jesús vino: reconciliar al hombre y al mundo con Dios.

Hermanos, digo esto porque es natural que emprendamos esfuerzos para construir nuestra carrera profesional. Y, sobre todo los jóvenes, tienen planes, tienen proyectos, tienen sueños, se esfuerzan, se empeñan. Y es lícito, es legítimo, es justo, es santo y es bueno, que que cada uno de ustedes —me dirijo específicamente a los jóvenes— dedique tiempo a su carrera profesional lo más que pueda. Peero deben ser capaces de de decir: “Lo tengo todo por basura para ganar a Cristo”, como lo hizo Pablo.

Si tú no puedes considerar como estiércol tu carrera profesional, entonces perteneces al mundo.

“Como tú me enviaste al mundo, yo los envío al mundo”, le dijo Jesús al Padre. 

Yo no estaba aquí con ustedes al principio de los 80, pero conozco algo de esa historia. Yo sé que Paulo Soares fue ganado en la universidad. En la escuela, algún discípulo allí le predicó. Algunos de ustedes fueron ganados para Cristo dentro de la universidad, en el trabajo, en la escuela, en la facultad. En ese lugar donde fuiste ganado había un discípulo que sabía que había sido enviado al mundo como Cristo, y estaba allí no para conquistar una carrera, aunque conquistar esa carrera forma parte—, pero él estaba allí para reconciliar a los hombres con Dios.

Hermanos, ¡sería tan gloriosa la iglesia si cada discípulo, individualmente, en cada ambiente en el que está, tuviese esa conciencia!

Recién les peguntaba: ¿qué representa la Palabra de Dios para ustedes? Pues lo digo de nuevo, principalmente a los jóvenes. Ustedes saben memorizar contenidos enormes, ustedes tienen disciplina de estudio, tienen metodología para hacer concursos, para rendir exámenes de ingreso, lo que sea. Ustedes se dedican, estudian. ¿Por qué lo hacen? Porque tienen un objetivo, tienen una meta y quieren alcanzarla.

Yo les pregunto: ¿Están incluidas las Escrituras en esto? ¿Tienes metodología para estudiar la Biblia? ¿Tienes horas asignadas para esto? ¿Memorizas? No sos de este mundo , y necesitas de la Palabra de Dios para ser santo lo suficiente para incomodar a este mundo, de modo que él te odie.

Quiero animarles: piensen sobre esto, establezcan metas de conocimiento bíblico.

Cuando yo tenía 18 años, no tenía ni un año de convertido, quizá unos 4 meses, y dije: “Voy a leer la Biblia entera en un año, todos los años”.

Yo pregunto: ¿por qué nuestros jóvenes no pueden leer la Biblia entera una vez por año? Quiero poner presión aquí. La respuesta es simple, hermanos: ustedes no quieren. Ustedes simplemente no quieren conocer la Biblia, por eso no lo hacen, no se desafían, no incomoda la conciencia de ustedes.

Yo hice otra cosa. Y no digo que nadie haga igual. Solo quiero que sepan que, si tú mismo no estableces un objetivo para ti, te vas a quedar parado. Como decía nuestro recordado Iván Baker: “Quien no tiene objetivo, tiene la nada por objetivo. Y lo alcanzará”.

Me puse en la cabeza, viviendo con mis tíos —mis padres vivían en el interior, yo vivía de favor con mis primos— que sin Biblia no había café. Yo solo comería después de leer la Biblia.

Hermanos, yo no tenía un discipulador, no tenía iglesia en la casa, no tenía un líder para orientarme. ¿Saben lo que yo tenía? Una gratitud enorme a aquel que me sacó del imperio de las tinieblas y me trajo al reino de su amado Hijo. Y yo necesitaba conocerlo, yo necesitaba agradarlo, porque me vi libre de un pecado que me esclavizaba y me condenaba.

¿Amas a Jesús? ¿Tienes gratitud por él? Conócelo.

En Cantares la novia dice: “No es sin razón que te aman. Todos los que te conocen, te aman”. Y todos los que lo aman, están dispuestos a morir por él.

Apocalipsis capítulo 22, verso 11: “Continúe el injusto haciendo injusticia, continúe el inmundo todavía siendo inmundo; el justo continúe en la práctica de la justicia, y el santo continúe santificándose”.

Hermanos, mi expectativa es que todos, sin excepción, los que están aquí se incluyan entre los justos que siguen practicando la justicia, y entre los santos que continúan santificándose.

La Biblia siempre apunta a una progresión. La Biblia dice que la vida del justo es como la luz de la aurora: va brillando más y más hasta que sea día perfecto.

Es bien verdad, hermanos, que el sol no corre —hablando aquí desde nuestra perspectiva terrenal—, el sol no corre. Él nunca acelera. Él tampoco da saltos. Él sigue lentamente, pero nunca se detiene, y nunca regresa. Entonces, cuando la Biblia dice que la vida del justo es como la luz de la aurora, no está diciendo solo que avanza lentamente. Está diciendo que no se detiene y no retrocede.

Hebreos 12:14 dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.

¿Ustedes creen que esto es solo una forma de decir? ¿Que el escritor de la carta a los Hebreos quiso adornar el texto, poner un poco de poesía? ¿O estás convencido de que si no eres santo no verás al Señor?

Hay una gracia engañosa siendo predicada hoy en día: una gracia que hace concesiones al pecado y al mundo. Pero la Palabra del Señor está diciendo que sin santificación nadie verá al Señor.

Por favor, no te engañes. No alimentes en tu alma la expectativa falsa de que viviendo de la manera que quieres vas a ver al Señor. Él nos llama a una santificación plena, y debemos progresar cada vez más en esa dirección.

Es necesario que miremos atrás e identifiquemos cuáles son las áreas de debilidad que hemos superado, cuáles son las flaquezas que hemos vencido, despojándonos de todo peso y del pecado que nos asedia tan fuertemente.

Del mismo modo que un herrero sostenía la barra de hierro con las tenazas —ese instrumento que servía para sostener el hierro mientras golpeaba con el martillo— y el hierro al rojo vivo no se soltaba de su mano, así la Biblia dice que el pecado te aprieta, te asedia de esa manera. Como tenazas, habita en nuestros miembros.

¡Despojémonos de eso y corramos en dirección a la santificación!

La estructura del mundo, hermanos, está montada de tal manera que va, gradualmente, silenciando nuestra conciencia y dejándonos cada vez más cómodos con cosas que incomodan a Dios. Eso va callando la voz del Espíritu Santo dentro de nosotros. Y Pablo dice: “No entristezcan al Espíritu”. Porque el paso siguiente es callar al Espíritu.

Nosotros no podemos entristecerlo, contristarlo, no podemos silenciarlo. Porque si eso ocurre, estaremos entregados a nuestros propios apetitos, a nuestro propio juicio, a nuestros propios criterios. Y ellos son falsos.

Santiago 4.4-5 dice: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?”

Me gustaría que ustedes intentasen responder la pregunta: ¿qué es lo que Santiago, en estos textos, está llamando “amigo del mundo”? Respóndanse con el máximo de sinceridad que puedan: ¿qué es ser amigo del mundo?

Piensen en sus amistades, por ejemplo. Tenemos niveles mayores y menores de amistad. Pero el amigo siempre es alguien con quien convives pacíficamente, confortablemente. Hermanos, no sé si algún día ustedes se sintieron enemigos de Dios. 

Yo tengo un temor: sé que algunos entendieron el concepto de arrepentimiento —en verdad, tuvieron revelación de la palabra “arrepentimiento”, se arrepintieron, entregaron sus vidas a Cristo y son gobernados por él—, pero nunca tuvieron conciencia de sus pecados. Nunca entendieron de verdad que sus obras malignas los hacían enemigos de Dios.

¿Y cuál es la consecuencia de ser enemigo de Dios?

Yo me convertí a los 18 años. A los 17, me descubrí enemigo de Dios. Era hijo de creyentes —ya conté esto muchas veces—. Mi padre era de la Asamblea de Dios, línea dura, delegado de policía, que decía a sus hijos varones: “No hagan travesuras en la calle, porque si lo hacen, yo no los voy a tratar como hijos, sino como delincuentes. Caminen derecho”. Él no nos daba oportunidad de pecar.

Recuerdo la única vez en mi vida que dije una palabrota. Tenía 15 años de edad, y hasta hoy lo recuerdo con vergüenza. Yo era hijo de un creyente serio, por así decirlo. Me casé virgen, no tenía vicios. Los amoríos bobos de adolescencia… Mis pecados más graves eran pelear en la calle cuando insultaban a mi madre.

Pero, hermanos, con esa vida de buen chico de iglesia, de hijo del delegado del lugar, a los 17 años yo me sentí en el infierno. Y cuando leí en las Escrituras que mis obras malignas me convertían en enemigo de Dios, entendí lo que era eso. Porque yo conocía mi corazón, y sabía cuál sería la consecuencia de estar bajo la ira de Dios.

Si ustedes prestan atención al Nuevo Testamento, la gran mayoría de las veces que la Biblia habla de la ira de Dios, lo hace asociándola a comportamientos humanos, y no simplemente a la rebelión humana.

Entonces, la próxima vez que vayas a predicar el evangelio a un contacto y hagas aquel esquema del árbol, las ramas, el tronco y el hacha, antes de enfatizar el arrepentimiento, muéstrale a esa persona que esos pecados hacen que la ira de Dios se vuelva contra él.

Es por esas cosas —en plural— que la ira de Dios se manifiesta contra los hijos de los hombres. Éramos enemigos de Dios con nuestras obras malignas. Tus pecados ofenden la santidad de Dios y provocan la ira de Dios. Y no quedaron sin precio: fueron pagados en la cruz.

Nahúm capítulo 1, verso 3: la Biblia dice así: “Dios jamás tendrá por inocente al culpable”.

Dios no pasa la mano sobre la cabeza de nadie. Dios nunca dice: “Está bien, esta vez lo dejo pasar, pero no lo hagas de nuevo, voy a dejarlo pasar”. Hermanos, Dios no  nos permite pecar, porque de otro modo nos volvemos perversos, injustos,  malos.

Por eso el Padre hizo caer sobre Cristo la iniquidad de todos nosotros. Por eso Jesús es la propiciación, no solo por nuestros pecados, sino por los pecados del mundo entero. No hay pecado que no haya sido castigado en aquella cruz.

Y es tan necesario, hermano, que te preguntes: ¿y yo qué hago con lo que dice Santiago? ¿Sigo coqueteando con este mundo del cual fui rescatado? Han habido distintas traducciones “infieles”. “adúlteros”. Naturalmente, Santiago aquí no está refiriéndose al adulterio físico de un hombre contra una mujer, o de una mujer contra su marido. Él está hablando de la iglesia, la novia del Cordero, que se contamina con el mundo. Santiago está hablando de los santos que adulteran contra su Dios cuando dejan de ser su propiedad particular e imitan al mundo.

“¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?”

Amados, dentro de ti hay un espíritu. Cuando naciste de nuevo, cuando creíste en Jesús, te arrepentiste, fuiste bautizado en Cristo, fuiste unido a Cristo, injertado en Cristo, fuiste sellado con el Santo Espíritu de la promesa. Ese Espíritu testifica con tu espíritu que eres hijo de Dios. Y ese Espíritu tiene celos cuando tú coqueteas con el mundo, del mismo modo que la mujer siente celos cuando su marido coquetea con otra mujer, o del mismo modo que el hombre siente celos cuando su esposa coquetea con otro hombre.

Dios tiene celos de ti, porque eres suyo, y él te reclama. No te des concesiones que la Escritura no te da. Pon por regla y por medida aquello que dice la Escritura.

Juan 12.47-49 dice: “Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar”.

Devuélvele a la Palabra el lugar que necesita ocupar en tu mente, en tu corazón y en tu conciencia. Ella es tu regla de fe y de práctica. Y si no es así, no te engañes con lo que tú piensas o crees: lo que prevalecerá es lo que está escrito.

¿Aceptas la posibilidad de que la Palabra de Dios haya sido “domesticada” en tu conciencia, y que ya no te incomode? ¿Que estés tan acostumbrado a oírla, que ahora te suene como algo incapaz de corregirte, de redargüirte?

Intenta devolver a tu conciencia aquella sensación inicial de los primeros días, cuando recibiste la Palabra de Dios, y lee este texto: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.Permítanme detenerme en algunos aspectos de esta amistad con el mundo”. (1 Juan 2.15-17)

Escucho que muchos están usando plataformas de apuestas que promueven el enriquecimiento fácil, loterías, en fin, cualquier tipo de juegos de azar. La Biblia traza otro camino hacia la prosperidad: trabajo, esfuerzo, diligencia, calificación. Sobre la diligencia, dice: “La mano del diligente prosperará”. Sobre calificación: “¿Has visto a un hombre diestro en su obra? Delante de reyes estará; no estará delante de los de baja condición”.

Sobre generosidad: “Al Señor presta el que se compadece del pobre, y él le dará su beneficio”.

Sobre fidelidad a Dios: “Probadme—dice el Señor—”.

Entonces, ¿dónde entran aquí las loterías? ¿Dónde entran aquí los sorteos y las apuestas, o cualquier cosa semejante? ¿Qué tienen que ver con el Reino de Dios? ¿Por qué los santos se involucran en esas cosas? ¿Por qué brillan sus ojos? Por la codicia. Porque quieren hacerse ricos fácilmente.

¿Qué más hay en el mundo que no procede de Dios, sino que procede del mundo, y con lo cual tú tienes amistad?

Hermanos, hay un engaño puesto en la conciencia de muchos. Es más o menos así: “Voy a vivir de manera suficiente, a no cometer pecados groseros, para poder garantizar mi salvación”.

Voy a tomar ejemplos que no son tan graves, pero que revelan un tipo de mentalidad. ¿Ya viste a alguien que quiere hacerse un tatuaje y pregunta: “¿Dónde está en la Biblia que no puedo tatuarme?” Dan ganas de responder: “Ve, lava con jabón… Yo no tengo que mostrarte en la Biblia que no necesitas tatuarte”.

La pregunta es: ¿a quién estás imitando? ¿Quiénes son tus modelos? ¿A quién copias para querer ponerte un tatuaje? No se trata de si es pecado o no es pecado. Se trata de: ¿agrada al Padre o no agrada al Padre? ¿Jesús lo haría para parecer bonito ante el mundo, para parecer moderno? ¿Por qué esas cosas tienen lugar en tu mente?

Permíteme decirte: si tomaras este Libro como guía de tu vida, no tendrías esas dudas. Tu corazón estaría ocupado con otras cosas. Estarías desafiado a cooperar con Dios, estarías desafiado a predicar el evangelio, a consolar a los santos, a edificar a los santos, a socorrer a los santos, a lavar los pies a los santos.

Esas cosas no estarían en tu imaginación. Hay mentes vacías de Dios y ocupadas por valores mundanos, que minan tu amor al Señor, que minan tu celo por el Señor, y que destruyen tu servicio al Señor.

Hermanos, hay tantas cosas en esta área de las libertades que nosotros nunca podremos prohibir, y no prohibiremos porque no nos atrevemos a legislar donde la Biblia no legisla. Pero que, con tristeza, testificamos en la vida de tantos supuestos discípulos, un uso impropio de la libertad, que da ocasión a la carne y que promueve pecado.

Y tú no necesitas de eso, porque no eres de este mundo. ¿Entonces por qué quieres parecerte a él? Tú no eres de él, entonces ¿por qué querer parecerte al mundo? ¿Por qué no querer parecerte al cielo? ¿Por qué no seguir Efesios 5:1: “Sed imitadores de Dios, como hijos amados”? ¿Cómo piensa Dios? ¿Cómo actúa Dios? ¿Cómo reacciona Dios delante de una escena como esta?

Recuerdo que en 2022 yo publiqué un pequeño video y un texto que hablaba de una serie de comportamientos, o mejor dicho, de una serie de posibilidades que ocurrirían si un gobierno de inclinación comunista, socialista, llegaba a implantarse en nuestro país. Y yo decía así: “Si usted vota esa gente, y esas cosas suceden, su mano estará con la de ellos”.

Recibí comunicados y llamadas de hermanos indignados que decían: “No, mi mano no estará con la de ellos”. ¡Sí estará! Si usted sabe que ellos piensan de esa manera, y que ellos tienen esa agenda, y aun así usted vota en ellos, su mano estará con la de ellos.

Yo le dije a uno de ellos: “Usted está votando a gente que se confraterniza con aquellos que persiguen, torturan y matan a nuestros hermanos en China, en Corea del Norte, en Cuba”. ¿Y qué saben ustedes de la iglesia en China, de la iglesia en Corea del Norte y de la iglesia en Cuba?

Nos acercamos tanto al mundo que ya no conseguimos reaccionar a sus maldades. Y ya no nos atrevemos a denunciarlas. Y el mundo no nos odia porque nosotros no damos testimonio contra sus obras malas.

Entonces, como decía, en esta cuestión del uso de las libertades hay un sinfín de posibilidades. ¿Vamos a determinar cómo las personas deben vestirse? No. Pero debes preguntarte: ¿me estoy vistiendo de manera decente, como agrada a Dios?

Permítanme hablar a las señoras y señoritas: ¿me estoy vistiendo como una mujer piadosa, conforme a las Escrituras? Puede parecer cosa de poca importancia, pero pregúntate: ¿esta forma de vestirme procede del mundo o de Dios?

No vamos a ponerle burka a nadie, hermanos. Cada uno está en libertad según su conciencia. Lo que yo estoy proponiendo es: ajusta tu conciencia conforme a este Libro.

Uso de la bebida: ¿cuál es el uso que tú haces de la bebida? ¿Vamos a prohibir la bebida? Nunca. Nosotros partimos el pan y celebramos la Cena del Señor con vino. Jesús multiplicó el vino. Hay quienes dicen que ese vino no tenía alcohol… yo no sé cómo sería eso de un vino sin alcohol. Pablo reprendió a los corintios porque, durante la cena, en el ágape —esa fiesta de amor que ellos celebraban—, algunos se embriagaban. Entonces, ese vino tenía alcohol, sí.

No se trata de tocar o no tocar una bebida alcohólica. Se trata de cómo yo la uso.

A veces veo a jóvenes queriendo cumplir 18 años solo para poder beber. ¿Qué es lo que tienen en la cabeza? Con tantas cosas buenas, interesantes, que se pueden hacer al cumplir 18 años, ¿y quieres beber? ¿Ese es el gran desafío para el hombre joven? ¿El gran logro: poder beber? ¿No te das cuenta de lo pobre y mínimo de ese deseo?

No cabe en el corazón y en la mente de un discípulo, de un sacerdote, de un profeta, querer llegar a la mayoría de edad para beber. Eso no cabe, no concuerda, no está de acuerdo con nuestra vocación.

Usar la libertad es una cosa. Pero Pablo dice: “No uses tu libertad para dar ocasión a la carne”. Apuestas, bebidas, ropas, películas, músicas… Examina mejor lo que oyes. Revisa las músicas que escuchas y mira cuántas frases tú, siendo santo, podrías repetir delante de Dios.

¿Vamos a controlar lo que los discípulos escuchan? No. Nadie va a andar vigilando a nadie. Pero pregúntate solo esto: David dice en el Salmo 34: “Su alabanza estará continuamente en mis labios”. Y en el Salmo 119 (no recuerdo ahora el versículo exacto, pero se puede encontrar) él dice: “Tu ley es el motivo de todos mis cánticos”.

Son elecciones que nosotros hacemos.

Hay músicas —permítanme inventar aquí una palabra— que son “oíbles”, se pueden escuchar. Pero hay músicas que son prohibidas, porque son perversas. Y los hermanos no se dan cuenta de que, al escucharlas, se están haciendo enemigos de Dios, porque se están haciendo amigos del mundo.

¿Quién va a establecer ese criterio en su conciencia? Tú. Y este Libro. “El mundo entero está bajo el maligno”, dice 1ª de Juan.

¿Tú ya fuiste al cementerio y viste en las lápidas escrito: “Aquí yace fulano de tal”? El mundo está así: entregado, inerte, imposibilitado de reaccionar, porque el maligno es su príncipe y determina el curso de este mundo.

¿Y tú estás nadando contra ese curso o a favor de ese curso?

1ª de Juan 5:19: “Sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero está bajo el maligno”. Aquí hay una división: el mundo está bajo el poder del maligno; nosotros somos de Dios.

Quiero subrayar la importancia de tener esta Palabra, este Libro, como nuestra referencia de vida: ya sea en el ámbito personal, moral, social o ético, en las relaciones dentro de la iglesia y también fuera de ella, en nuestro trato con el mundo. La Biblia es nuestra guía, nuestra brújula que orienta tanto el comportamiento individual como las situaciones que enfrentamos de manera colectiva.Hermanos, estamos viviendo un tiempo de rescate de valores. Me acuerdo que, años atrás, Reinaldo, en uno de nuestros encuentros de presbiterio, dijo: “Dios está restaurando principios, doctrina, ambiente”. Un ambiente donde es posible percibir la doctrina siendo practicada, un ambiente que manifiesta la gracia y la gloria de Dios, la santidad de Dios, la bondad de Dios, la misericordia de Dios y la justicia de Dios. Un ambiente de santos.

EL TIEMPO EN EL QUE ESTAMOS

Yo creo que Dios está cerrando un ciclo y comenzando otro. Marcos hizo esta mañana un resumen rapidísimo de nuestros últimos 30 años. Algunas cosas se fueron volviendo difícles a partir de 1995. Algunos desvíos se acentuaron en los años 2000. Llegaron a su ápice por 2010. Y de ahí para acá, la espada no nos dejó de lastimar.

Fueron años de muchos combates, tensiones, enfrentamientos con desvíos, con prácticas y enseñanzas contrarias a lo que creemos. Una lucha que ustedes no presenciaron, pero que existió. Yo dije una vez, en 2019, cuando uno de nuestros presbíteros salió de nuestro medio y pronunció la siguiente frase: “Ustedes no saben lo que pasa en este presbiterio”. Y quedó aquella nebulosa en la cabeza de muchos.

Yo dije: hermanos, este presbiterio tiene muchas tensiones, sí. A veces la sangre llega a los tobillos y la temperatura se eleva mucho. Y usé un ejemplo: dije así, yo vi a mis padres discutir una vez. Eso no significa que fuera la única, sino la única que yo vi. Pero muchas veces los vi entrar al cuarto y cerrar la puerta para amarse, para discutir, no sé, porque no cabía a los hijos participar ni de las peleas ni de la intimidad de sus padres. Y eso no es hipocresía, es un acto de amor y de misericordia, protegiendo a los hijos de aquello que ellos no deben presenciar.

Entonces, es verdad, hubo muchas tensiones en este presbiterio, hubo muchos choques y enfrentamientos. Nosotros vivimos un desgaste para que a ustedes les llegara filtrado aquello en lo que creemos. Y fueron por lo menos dos décadas de muchos enfrentamientos. Nuestra cara sonriente en los encuentros no representaba nuestro corazón quebrantado. Pero no teníamos el derecho de mostrar cara amarga a la iglesia.

Ese tiempo de luchas internas terminó. Como dijo Marcos, miramos hoy este presbiterio y nos vemos otra vez como uno, construyendo de nuevo esta unidad. Y hecho esto, hermanos, será posible reedificar. Porque tenemos escombros, tenemos heridos.

Marcos está revisando nuestro pasado, y yo recordaba alos heridos que quedaron en el camino, a aquellos a los que no pudimos socorrer porque estábamos en una guerra para proteger la verdad que garantizaría nuestro caminar. Sé de muchos que no pudieron ser consolados, edificados, como esperaban. Entonces digo: tenemos muchos heridos, tenemos muchos mutilados, y tenemos muchos escombros. Pero hoy somos uno otra vez. Y creemos que esta multitud no es apenas un montón de creyentes sentados escuchando palabra de pastor, sino un reino de sacerdotes, de santos separados del mundo, ganados y salvos por la sangre de Jesús, por su muerte y resurrección, establecidos en el mundo como un reino de sacerdotes y atalayas de un reino eterno.

Este pueblo que se multiplicaba en el pasado volverá a multiplicarse, ¡aleluya! Este pueblo que impactaba por su estilo de vida volverá a impactar. Dios está corrigiendo nuestros caminos, ¡aleluya! Pero era necesario comenzar corrigiendo nuestras verdades. Nuestros conceptos estaban distorsionados, había errores en la enseñanza. Hacía falta volver al nivel correcto, volver a edificar, volver a crecer, volver a proclamar el evangelio a los perdidos.

Necesitamos volver a creer y practicar que el cuerpo de Cristo edifica al cuerpo de Cristo. Volver a creer y practicar que la obra de la iglesia en la casa no es la obra que se hace en la casa, sino la obra de aquellos que se reúnen en la casa, que luego hacen todos los días en todo lugar. Volver a practicar que un discípulo aprende viendo, escuchando y preguntando, que el discípulo se agrada de acompañar.

Tendremos muchos testimonios de discípulos que participaron de nuestra vida, tanto sentados alrededor para escuchar como acompañándonos en nuestros trabajos y dolores.

Años atrás yo le dije a Marcos —no sé si él recordará—: “Marcos, yo no me acuerdo tanto de las veces en que nos sentamos a estudiar la Biblia en un círculo. Eso ocurrió algunas veces. Pero me acuerdo mucho más de las veces en que yo estaba contigo en retiros, en viajes, visitando familias, tratando problemas reales de la iglesia, viendo las verdades ser puestas en práctica”.

He contado varias veces una situación en que fui a Feira de Santana (pueblo en el interior del estado de Bahía), donde Mario y Marcos estaban promoviendo la disciplina de alguien. Marcos me llamó: “ven conmigo”. Yo ni sabía qué iba a pasar. No me explicó. Pero fui, porque entendí que él no buscaba solo compañía, sino discipulado en la práctica.

Ese corazón de discípulo necesita ser rescatado. Y esa actitud de discipulador también. Jesús llamó a los Doce para que estuvieran con Él. Pablo dice a Timoteo: “Tú has seguido de cerca mi fe, mi conciencia, mi carácter”.

Hermanos, yo conozco a mis maestros. Fui formado andando con ellos. No hay otra manera de formar discípulos que no sea andando juntos. Y es así como se aprende santidad: andando con quien es santo. Se aprende compasión: andando con quien practica compasión. Se aprende justicia, misericordia, bondad, tolerancia: andando con quien soporta.

Una vez un discípulo me trató muy mal, con un comportamiento muy reprochable. Gritó, hizo un escándalo. Y alguien que estaba conmigo me dijo: “¿Cómo permites que él te hable así?”. Yo respondí: “Yo no fui llamado para enseñar al discípulo a honrarme. Fui llamado para enseñarle a guardar todas las cosas que Jesús ordenó, incluso soportar la deshonra. Si yo no soporto la deshonra que él me hace, ¿cómo voy a enseñarle a soportar deshonra?”.

Hermanos amados, nosotros tenemos un desafío enorme. Pero también tenemos recursos celestiales. El patrón es excelente y celestial. Mujer, reverencia a tu marido y obedece en todo, como al Señor. Eso es celestial. Hermanas, no es opcional. No existe la alternativa de no obedecer al marido. Pero ustedes se permiten no obedecer porque creen que tal vara es demasiado alta. Entonces traigan a Jesús para que Él les provea el recurso, y Él las capacitará.

Marido, no trates a tu esposa con amargura. Muere por ella. Es elevado, sí. Pero no tienes la opción de actuar de otra forma. Está prohibido en esta Palabra que dices que es Palabra de Dios.

Hijo, honra a tu padre y a tu madre, no importa cuán reprobables sean. Es tu deber de discípulo. Padres, no provoquéis a vuestros hijos a ira, sino criadlos en la disciplina del Señor.

Se han contaminado nuestras conciencias con conceptos humanos y filosóficos, y por eso muchos piensan que se puede actuar diferente. Pero no, hermanos. La doctrina no es opcional. La doctrina necesita volver a ser amada en nuestra mente y conciencia.

Y, por último, se creó entre nosotros una mística: “Nadie debe ayudarme con mi casa”. Yo no sé de dónde salió eso. La iglesia tuvo que ayudarme con  mi casa;  ya tuve que sentarme con mi esposa y rendir cuentas, ser cuestionado y oído, no como presbítero, sino como parte del problema. La iglesia debió ayudarme en casa a juzgar a mis hijos.

Si su hijo no pertenece a la iglesia, si no pertenece a Cristo, sácalo de la iglesia. Pero si está en la iglesia, pertenece a la iglesia. Y la iglesia tiene autoridad, y la doctrina tiene autoridad, y el principio tiene autoridad.

Necesitamos volver a practicar aquello que creemos. Los conceptos que declaramos tener en nuestro medio necesitan volverse reales en nuestra práctica. No conceptos vacíos, sino verdades vividas.

Y Él nos dijo: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

Bendito sea su nombre. 

Gracias a Dios.