La Necesidad De Ser Coherentes, Ivan Baker.

imbhARTLANDPORTMensaje dado por Ivan en un retiro de pastores en Termas de Río Hondo, Octubre de 1988. Trata acerca de la necesidad de que el discurso y las obras se unan. Hace mención del peligro de seguir acumulando revelación, sin que nuestro crecimiento y madurez en la vida vaya en paralelo a las verdades recibidas. Advierte que la mayor revelación es mayor responsabilidad ante Dios, y hace una invitación a la sencillez y a la obediencia a Cristo.

Termas de Río Hondo, Provincia de Santiago del Estero, Argentina. 08 al 12 de Octubre de 1988. 9º Retiro de Pastores y obreros.

Introducción:

Creo que estamos tocando el borde de un tiempo de mucha gloria, y de un gran avance en el crecimiento de la Iglesia. También creo que por esa misma razón debemos abordar una cuestión fundamental:

 

Necesitamos ser coherentes

 

La carga sobre la coherencia nació un domingo a principio de año, cuando Afif Chaikh predicó en calle Condarco. Inmediatamente prendió. Muchos de nosotros teníamos carga por diversos aspectos de la obra, pero no sabíamos como definirla. El mensaje de Afif sobre coherencia nos dio la clave y desde ese momento la palabra se hincó fuertemente en nosotros.

Afif no nos habló como quien desarrolla un tema, sino como quien entrega una oportuna, correctora palabra de parte del Señor. ¿Qué fue lo que le inspiró? Él ingresó a la comunidad en la Capital Federal el año pasado para formar parte del ministerio pastoral. Al conocer la comunidad en Condarco, quedó impactado por muchas cosas. Entre ellas, por el ministerio de la palabra. Durante todo ese año tratamos cuatro temas: la oración, la unidad, la multiplicación y la diversidad de ministerios.

 

El hermano Afif vio que nos pusimos metas y que los pastores fuimos fieles en mantener cada domingo la llama de estos ministerios. Pasó todo el año 1987 y al venir el año 1988, él percibió el peligro de que pasáramos a otra cosa, que enfocáramos un nuevo ministerio con la misma facilidad con que se arranca una hoja del calendario sin que se haya visto el efecto del ministerio anterior en la congregación. Fue en esa circunstancia que vino su amonestación: es necesario que seamos coherentes.

 

Fundamentó su mensaje en Romanos 12:2:

 

“Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

 

Señaló que el objetivo aquí es nuestra transformación; y el medio por el cual se produce es la renovación de nuestro entendimiento. El punto fundamental es que experimentemos la renovación de nuestro entendimiento hasta que seamos cambiados, modificados, transformados en nuestro carácter. Que ésta transformación sea profunda, y modifique nuestra forma de vivir.

 

No es cuestión sólo de la renovación de nuestra mente. Este es el medio. Aquí incide la fuerza del mensaje, la penetración de la palabra por el Espíritu Santo. Pero este proceso debe continuar hasta que se manifieste plenamente la transformación de la persona toda. Un nuevo carácter, nuevo vocabulario, nuevas obras; es decir, la vida misma cambiada. ¡Y esto, no de algún discípulo, sino de toda la iglesia!

¡Esto es coherencia! ¡Lo contrario, incoherencia!

 

 

Etimología:

Barcía: Coherente, conforme. O sea, formas que se relacionan. Conexo, partes que se armonizan; que no son inconexas.

Diccionario inglés de George Newnes: Consecuente. Armonía entre pensamiento y palabra (Nota del autor: Por supuesto debemos agregar acción).

Su equivalente en las Sagradas Escrituras: integridad. Como en el Salmo 25:21: “Integridad y rectitud me guarden”. Salmo 15:2: “Jehová, ¿Quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte  santo? El que anda en integridad…” Josué 24:14 “Teme a Jehová y sírvele con integridad”.

Integro: armonizado en todas sus partes.

 

EL SER COHERENTE ES UNA CUALIDAD INDISPENSABLE

 

Nos damos cuenta que cuando hablamos de coherencia, estamos abordando una cualidad que es indispensable para nuestra relación con Dios y con los hombres. Además, es cualidad indispensable para ser eficaces en nuestro ministerio. Hay cuatro aspectos donde se destaca la necesidad de ser coherentes:

  • En cuanto a lo que declaramos y somos. Debe haber una coincidencia entra lo que aparentamos y lo que somos.
  • Debe haber también una coincidencia entre lo que aparentamos, lo que somos y lo que hacemos.
  • Aún más, lo que aparentamos, somos y hacemos deben coincidir con la voluntad de Dios.
  • Aún no seríamos coherentes a menos que el resultado de nuestro  ministerio coincidiera con las demandas y el deseo del Señor.

 

COHERENTES EN LO PERSONAL

 

    • En nuestra comunión con Dios.
    • En sincera apertura y comunión con nuestro(s) compañero(s) en la obra.
  • En nuestro matrimonio y en la buena crianza de nuestros hijos. Esto es un aval indispensable para nuestro ministerio. Sería incoherente fallar en cuidar nuestro hogar y pretender edificar la casa de Dios.Ejemplo: El pastor que no logró criar a sus hijos en el Señor renunció al ministerio.Fue coherente. Obedeció al Señor y honró a la Iglesia.

 

COHERENTES EN SITUACIONES DIFICILES

 

A veces nos toca afrontar situaciones muy difíciles donde se pone en juego nuestra integridad. Allí se decide si el Reino de Dios es supremo o si obraremos según nuestra conveniencia.

 

Muchos tuvieron que afrontar grandes angustias, desprecios y privaciones cuando el Señor les bautizó en el Espíritu Santo. ¡Qué momento difícil para afrontar! Bienaventurados los que lo pasaron sin importarle el precio que tuvieran que pagar. Algunos perdieron sus mejores amigos y todo su prestigio. Otros aún perdieron su sostén. Estos pusieron a Dios primero y triunfaron. Fueron coherentes con su llamado.

 

Seríamos incoherentes si, sabiendo de Dios que debemos hacer un giro serio en nuestro ministerio, no lo hiciéramos por no tener que sufrir las consecuencias, razonando: “Esto afectará mi prestigio, mi honor, mi sostén”. O porque nos sentimos viejos, pensando: “A esta altura de la vida no puedo cambiar”.

 

COHERENTES EN EL MINISTERIO

 

Es incoherente que acomodemos nuestro ministerio a las circunstancias, a lo que gusta, a lo que es popular, a lo que no ofende. Si así lo hiciéramos dejaríamos de agradar a Dios por agradar a los hombres. Nos alinearíamos con los que “buscaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”. O con aquellos otros que “seguían a Jesús secretamente, por miedo de los judíos”.

 

Pero hay otro aspecto que quizá nos toque más de cerca, que debemos considerar a fondo: resignarnos a aceptar que nuestro ministerio produzca un resultado menor al indicado por el Señor. Este es el problema más serio que debemos encarar. Dios nos ha dado luz para comprender los más íntimos deseos de su corazón para con su Iglesia. Nos ha revelado que la Iglesia debe ser la manifestación corpórea de su Reino en medio de las naciones. Que la Iglesia debe vivir como familia sobre la Tierra. Hemos aprendido que Dios quiere que cada uno de sus hijos sea conformado a la imagen de su Hijo. Y que somos un linaje, una nación de sacerdotes para proclamar a Cristo.

 

Sabemos que todo esto es verdad, verdad incuestionable, que es verdad de Dios. Pero también somos conscientes de que no estamos viviendo al nivel de la luz recibida, ni estamos progresando en esa dirección. A veces da la impresión de que estamos retrocediendo. Debemos reconocer que en lo fundamental –que es el fruto de nuestro ministerio – somos incoherentes.

 

 

Algunas consideraciones:

 

El propósito eterno de Dios: Para muchos el propósito eterno de Dios no es más que un mensaje de la carpeta que se enseña de vez en cuando. Está lejos de haber penetrado transformado la estructura misma de la obra y orientando todo hacia ese fin.

 

El evangelio del Reino: Hemos recibido de Dios la clara visión del evangelio del Reino. Creemos que el evangelio es el gobierno de Dios establecido y operante en cada discípulo. Pero hay tanto evangelio de radio, de televisión y campañas, que parece que ese verdadero evangelio se ha ido apagando y las congregaciones ya no presentan la fisonomía aguerrida de discípulos fervientes que creen todo lo que Cristo dice y hacen todo lo que Él manda. En general, tenemos los conceptos claros, pero en la práctica pareciera que estuviéramos retornando a:

 

  • Una salvación sin compromiso,
  • Un bautismo simbólico, y
  • Una consagración optativa.

Algunos pastores no hablan más de coyunturas, y no se dedican a formar vidas sino a informar.

 

Todos los redimidos son sacerdotes: Pocos males han sido tan eficaces para destruir la potencia sacerdotal de la Iglesia sobre la Tierra como la división que se ha hecho entre clero y laicado (sacerdotes y laicos). Nuestra expresión sería: ministerio y pueblo/congregación. Debemos admitir que a esto tienden nuestras congregaciones.

 

Hemos arraigado fuertemente el púlpito. Hemos pulido bien los mensajes. No sé si los pescadores de Galilea calificarían. Nuestros escenarios son altos y magníficos. ¿Cómo podemos evitar que los pastores seamos vistos como algo separado, especial?

 

Declaramos que hay un solo llamado que es el mismo para cada discípulo. Que no hay un llamado a salvarse y otro a consagrarse; que no hay un llamado a ser discípulo y otro para ser ministro. Enfatizamos que salvación es sinónimo de consagración, santidad y ministerio. Que somos nación de reyes y sacerdotes. Que cada discípulo está llamado a ministrar a Dios y a los hombres. Pero en la realidad, el fruto de esto se ve en sólo algunos sectores.

 

¿MINISTRAMOS CONCEPTOS O EDIFICAMOS?

 

Nuestro ministerio no se resuelve sólo en tener excelentes conceptos y enunciados; es necesario que esos conceptos se transformen en vida y penetren, “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.

 

Todo lo que Jesús nos mandó a hacer lo podemos realizar. El nunca nos enviaría a cumplir una tarea irrealizable. El nos equipó con tanta gracia, gloria y poder que podemos decir ciertamente: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Una de las grandes maravillas de Dios es la manera como Él nos ha dotado para llevar a cabo sus propósitos en el mundo. Nuestros recursos son únicos y maravillosos. Sólo nuestro Padre pudo volcar a sus hijos “las abundantes riquezas de su gracia” y poder, siendo que Cristo mismo, por el Espíritu Santo, mora en nosotros. El mismo es el que hace la obra. Nosotros colaboramos.

 

Pero podemos gastarnos en conceptos sin poner nuestra atención, energía y entusiasmo en procurar los resultados. Es cierto que lo primero es tener conceptos claros. Debemos saber qué hacer y cómo hacerlo. Pero una vez clarificado esto, toda la atención debe ser puesta en la realización y el buen resultado.

 

Muchos movimientos tomaron conceptos y los “remacharon”. Los predicaron; insistieron en ellos, los impusieron, se pelearon contra todos los que no los aceptaban; hasta se dividieron por esos conceptos, pero no los vivieron.

 

Comparativamente, podemos estar peor que antes si hemos alcanzado más luz sin haber logrado desarrollar, concreta y vivencialmente, ese “más” en los santos. Por ejemplo, si calificáramos la comprensión que antes teníamos con una nota de “4”, y nuestra vida espiritual con “3”, y si es a título de comparación, calificáramos nuestra luz y comprensión actual con “10”, y nuestro nivel actual de vida espiritual con “4”, tendríamos mejor nivel de vida que antes, pero en proporción con la luz recibida estaríamos en peores condiciones. No es suficiente tener mejores conceptos; la cuestión es vivirlos. Nuestro desafío ministerial es edificar una iglesia que viva conforme a la luz recibida.

 

 

CONCLUSIÓN:

 

1)     Yo creo que estamos tocando el borde de un tiempo de mucha gloria y un gran avance en el crecimiento de la Iglesia. Creo que la palabra de este mensaje viene para prepararnos.

 

2)     Insto a toda la Iglesia a guardar celosamente todo lo que hemos recibido.

 

3)     No compliquemos el “paquete”. Mantengámoslo simple y pequeño. Esta es la primera condición para ser coherentes. No podemos ser coherentes si estamos preocupados por muchas cosas. “El que mucho abarca, poco aprieta”.

 

  • Jesús era sencillo.
  • El “paquete” que nos ha entregado es para “niños”.
  • La doctrina no es la Biblia; son los mandamientos de Jesús.
  • Para comprender sus mandamientos no necesitamos ser teólogos o eruditos.
  •  Sus mandamientos son vivencia.

 

Demos prioridad fundamentalmente a establecer relaciones estrechas entre pastores, diáconos, líderes de hogar y todo el cuerpo de Cristo. Esto debe ser el objetivo principal de los grupos caseros. Que la predicación sea más profética que didáctica. Que haya menos predicación y más testimonios.

 

  • Hablemos menos, hagamos más.
  • Hablemos menos, oremos más.
  • Vivamos primero, enseñemos después.
  • Hagamos lo que decimos a otros que deben hacer.
  • Seamos coherentes.