En el Nuevo Testamento, siempre la esperanza está entrelazada con la eternidad. La iglesia de los primeros apóstoles no tenía expectativas por días mejores en la tierra. No tenía sueños terrenales. Para los primeros cristianos la única esperanza era la de poder ver, algún día, a Dios. Hoy, la iglesia occidental alimenta la triste ilusión de que el tiempo de dolor, sufrimiento y persecución fue sólo para el principio. Y que ahora, el Señor dará a su pueblo, tiempos de gloria. Hay una teología triunfalista que enseña que, aún antes de la venida de nuestro amado Señor (2 Tes. 1:3-12), la iglesia tendrá dominio y autoridad en el mundo. SEGUIR LEYENDO